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martes, 29 de junio de 2010

La virgencita de madera (1937)


Una nochecita de invierno en que compartía un café con mi abuelo y hablábamos de obras de teatro, el abuelo me trajo una maderita recortada que tenía pegada una virgencita de papel, y me dijo que esa era la obra que más recordaba.
La guardo en un alhajero y siempre con la idea de averiguar sobre esa obra. Hoy me decidí y la verdad es que mucho no encuentro, si hay algo sobre los intérpretes, pero no sobre la obra.

La virgencita de madera

La virgencita de madera de Ricardo Hicken, fue una de las obras más significativas para la compañía de teatro que contaba con los Hnos RATTI -César(1889-1944) y Pepe (1897-1957)-, y que según atestiguan las críticas de la época, alcanzó más de mil representaciones entre el Teatro Apolo y distintas salas teatrales que arrendaba la misma compañía.

Basada en el sainete homónimo de Ricardo Hicken se hizo la película que se estrenó el 21 de abril de 1937, dirigida por Sebastián M. Naón y cuyos intérpretes fueron:

César Ratti
Pepe Ratti
Emma Martínez
Inés Edmonson
Amanda Santalla
Arturo Palito
Ángeles Martínez
Alberto Bello
Carlos Castro "Castrito"
Osvaldo Moreno
José Tinelli
Rodolfo Martínez
Chola Bosch

Rafael Buono
Y
Salvador Striano
(como el dúo humorístico Buono-Striano)


Los hermanos César y Pepe Ratti se negaron al cine de manera sistemática a pesar del gran éxito con LA VIRGENCITA DE MADERA.


En el reverso de la virgen de madera (es el material de la misma) dice:
"La VIRGENCITA DE MADERA con los Hnos RATTI en el teatro LICEO".
No encuentro más datos sobre la obra de teatro.


TEATRO LICEO

"Testimonio vivo de la memoria de la Ciudad"





Año de Declaración: 1994
Sitio: Teatro Liceo
Dirección: Rivadavia 1495 de la Ciudad de Buenos Aires



Texto de la Placa: "Homenaje al teatro más antiguo de la ciudad, cuyo primer nombre fue El Dorado y por el cual desfilaron importantes artistas de la escena nacional"

Historia: En la esquina de Rivadavia y Paraná se encuentra el teatro más antiguo de la Ciudad aún en pie. Nació en 1872 con el nombre de "El Dorado". Posteriormente tuvo otros nombres y otros propietarios. En 1877 representaba compañías italianas y se llamaba "Goldoni". Otros nombres fueron "Progreso", "Rivadavia" y "Moderno". En el año 1918 tomó su nombre actual.
La abundancia de circulante monetario y el centro de atracción popular que eran los teatros hicieron que entre 1880 y 1914 se inauguraran numerosas y suntuosas salas teatrales en Buenos Aires. Testigo de esas épocas es el Teatro Liceo.
Entre los artistas que ocuparon su sala por largos años se puede nombrar a Luisa Vehil y a Enrique Pinti.
En 1993 corrió peligro de cierre. Eran años aciagos para el teatro. El empresario Carlos Rottenberg se hizo cargo del mismo en ese momento y conservó su nombre tan tradicional en la Ciudad.
En el año 1986 el Museo de la Ciudad le otorgó un diploma reconociéndolo como "Testimonio vivo de la memoria de la Ciudad".



http://www.buenosaires.gov.ar/areas/cultura/cpphc/sitios/detalle.php?id=5

http://www.acceder.gov.ar/es/buscador/subject:LA+VIRGENCITA+DE+MADERA+-+1937




jueves, 17 de junio de 2010

Las Madrecitas Argentinas (Maestras-1916)

Copiado textualmente.
Publicado en la revista "LA ESFERA"
Año III,-Número 127

3 de junio 1916


POLÍTICA EDUCATIVA

LAS MADRECITAS ARGENTINAS


Nota de la foto:"Nuevas profesoras normales y de francés, pertenecientes á la Escuela Normal del profesorado en lenguas vivas de Buenos Aires

de izquierda a derecha, sentadas: María Estela Somoza, Luisa E. Scala, Rufina Bolino, Alicia Feijó Aguiar, María Isabel Escudé, Sara A. Arrieta, Anita Enriquez;
de pie: María Luisa del Pino, Josefina Alfano, Matilde Roland, Adelina Bassi, María Blanca Ruiz y Elena Brenner


Cada año las escuelas normales dan a la Argentina numerosas maestras. Esto no tendría una gran importancia ó al menos sería un suceso igual al que acontece en todas las naciones, si la maestra en aquel crisol del sur extremo de América, donde se funde y se forja la grande, la espléndida nación del siglo XXI, no fuese un actor singular, especial, de esta gestación de un pueblo neolatino.

Porque imaginad con que extrañas yuxtposiciones de raza se está formando esa nacionalidad. Dijérase que el espíritu de patria surge de la tierra misma para inculcarse en los espíritus, borrando los distintos atavismos de orígen y teniendo que luchar con la avalancha de una inmigración incesante: 122.000 españoles, 114.000 italianos, 20.000 otomanos, 19.000 rusos, 5.000 alemanes, 4.500 austro-húngaros, 4.500 franceses, 3.500 portugueses, 2.000 ingleses y otros tantos belgas, daneses, búlgaros, servios, griegos, rumanos, suizos, etc., etc., cada año. Y esta perdurabilidad del hogar extranjero, constantemente renovado, es una fortaleza que hay que conquistar para que el espíritu de patria no se debilite. Así, cuando Richiotti Garibaldi quiere fundar la nueva Italia en la desierta Patagonia, las Cámaras argentinas rechazan la tentadora oferta de ver entrar de un golpe dos millones de italianos á fecundar la tierra hoy improductiva, porque la nueva nacionalidad necesita ir absorbiendo, modificando, argentinizando la avalancha extranjera, adaptándosela y apropiándosela, porque sus hijos y sus nietos serán los ciudadanos argentinos de mañana. Así, en cincuenta años, la nación que hoy no cuenta más que con ocho millones de habitantes, ha recibido cinco millones de inmigrantes y los ha fundido en su propio pensamiento y en su propia obra.

¡Y qué labor de titanes! Para reunir una extensión de terreno productivo igual al que espera en la Argentina la labor de los hombres, sería preciso sumar los que poseen España, Francia, Canadá, Austria-Hungría, Rumania é Italia; cerca de doscientos diez y siete millones de hectáreas, y para tener la misma intensidad de población que estas naciones, la Argentina necesita atraer, crear y educar ciento cincuenta millones de ciudadanos. E imaginad entonces todo ese inmenso territorio, virgen y fecundo, puesto en explotación, y esa inmensa colmena humana laborando y produciendo, y comprenderéis que hay un ensueño, un ideal, iluminando ese patriotismo que emerge de la tierra fecunda y prometedora y conquista la voluntad y el corazón de los extranjeros que desembarcan en las orillas del Plata.

¡Ah!, y la conquista se consuma en la escuela educacionista; en la escuela donde se capta -no hay otro verbo en castellano- á los hijos de los españoles y de los italianos y de los rusos y los otomanos y se les hace un espíritu igual que á los chiquillos argentinos, que hay allá, en la gran nación de mañana patria sobrada para todos. ¿Cómo pudiera hacer la Pedagogía este milagro de adaptación y asimilación, si las escuelas no fuesen de educación común, si en ellas estos niños que tienen en sus ojos y en sus oídos la visión y la leyenda de una patria agria, inclemente, de la que hubo que huir por hambre de pan o sed de justicia, no encontraran un verdadero hogar donde hay una mujer que sonríe y acaricia, como la madre o la hermana?.

Son éstas las madrecitas-madres de ciudadanos, madres espirituales- que preparan las Escuelas Normales argentinas. Es esta la importancia que allí tiene la maestra. En la escuela de educación común conviven los niños y las niñas; conviven en la tarea intelectual, en los trabajos manuales, en los juegos. Así, las maestras también tienen que ir forjando el corazón de los varones, como hacen las madres en el hogar, cuando por instinto ó por educación saben ser madres, sin más diferencia que la madre, inconscientemente, guiada por su amor, quiere hacer de sus hijos, buenos hijos, mientras que la maestra, por vocación, por sentimiento del deber, quiere hacer de los hijos de las demás, buenos ciudadanos.

Yo no sé si la escuela de educación común daría buen resultado en nuestros viejos países de Europa, sin un ideal, sin un anhelo, sin tener, en realidad, un hogar que sustituir, una vida infantil de alegría y despreocupación que dar al niño. Porque imaginad lo que es el hogar del inmigrante; recién llegado, el temor de lo desconocido, la inquietud de las horas que corren sin que la Fortuna llame á la puerta y aparezca, como un hada, derramando puñados de monedas de oro y luego, en la tremenda y penosa lucha, con la inclemencia de la soledad de la Pampa y la dureza del corazón de los demás hombres. Y menos mal, cuando el hogar no se ha formado allí mismo, precipitadamente, bestialmente, á espaldas de la Ley...

En estos hogares, aislados de un ambiente hostil, el niño suele ser un estorbo y una carga. No se ha ido allá, tan lejos, tan á la ventura, para amar, para hacer la vida apacible, serena, que se hubiese hecho en la aldea natal, al cobijo de los parientes, bajo la vigilancia comentarista de los demás vecinos. Se ha ido allá para luchar, para conquistar dinero, para asegurar la vejez, para hacer el indiano, y en esa inquietud y en esa preocupación no hay cariños en el hogar para la pobre chiquillería. Es en la escuela donde los encuentra; es en la escuela donde otros niños y otras niñas hermanan con su dolor y hacen revivir su alegría.

La escuela argentina no es un triste local cerrado, donde hay que estar con los brazos cruzados mascullando lecturas ó recordando definiciones extrañas apenas entendidas. La escuela argentina tiene un jardín, tiene un huerto, tiene un patio de deportes, tiene un gimnasio. Hay allí niños y niñas que estudian juntos y trabajan juntos y juegan juntos. Con estos niños y estas niñas, el hijo del inmigrante, el niño sin patria, vivirá toda su vida; serán los amigos y los compañeros de mañana; podrán realizar planes que ya se van concibiendo al escuchar al profesor cómo les habla de aquellos territorios vírgenes donde está dormida la riqueza; territorios que avanzan hacia las fronteras todavía misteriosas de Bolivia y Brasil, que escalan los Andes ó llegan á deshacerse en el mar del Sur, en la osada ruta de Magallanes...Allí también, como un verdadero hogar, hay una madrecita; hay una maestra que aprendió en la Escuela Normal, cómo ha de servir á su patria, encendiendo la fe argentina y el ideal argentino sobre todos los atavismos de raza que pueda haber en estos niños que llevan en sus venas sangre de españoles, de italianos, de rusos, de otomanos, de húngaros, de franceses, de alemanes...

Así, hay que contrarrestar al hogar, hay que sustituirlo, hay que suplantar á la familia. Ved si la educacionista argentina no es en aquel crisol donde se funda y se forja la grande, la espléndida nación del siglo XXI, un actor singular, especial de esta admirable gestación de un pueblo neolatino.

Dionisio PÉREZ


Copiado textualmente.
Publicado en la revista "LA ESFERA"
Año III,-Número 127

3 de junio 1916






domingo, 6 de junio de 2010

TEATRO COLÓN


El 25 de mayo de 1857, apenas acallado el bullicio de las ceremonias conmemorativas de la fiesta patria, una multitud expectante comenzó a llenar las dos mil quinientas butacas del flamante teatro Colón, situado en aquel entonces frente a la Plaza de la Victoria(hoy Plaza de Mayo). El resplandor de los cuatrocientos cincuenta picos de gas de la gran araña central provocó comentarios admirativos entre los asistentes, que luego de entonar a coro el Himno Nacional escucharon La Traviata, interpretada por el célebre Tamerlick.

Buenos Aires contó desde entonces con un templo lírico visitado asiduamente por cantantes de fama internacional, y la aristocracia porteña con un exelente pretexto para encontrarse. Frecuentado por el tout Buenos Aires, en el nuevo teatro solían reunirse las personalidades de la época, que hacían de sus palcos y galerías una verdadera central política. Los intervalos se aprovechaban para breves intercambios de frases, saludos protocolares y, por supuesto, para los intencionados comentarios de la matronas. Refiriéndose a este aspecto colateral de la vida del teatro, Lucio V. López relata en La gran aldea que las lenguas, "como otras tantas navajas", no se contentaban con afeitar sino que descarnaban la reputación de la gente "como se descarna un cadáver en la sala de autopsia".

En 1887 el mundillo que giraba en torno del Colón tuvo que buscar otro lugar de reunión porque el edificio, que además resultaba chico para la cantidad de espectadores y para los artistas, trocó su destino lírico por otro más prosaico: fue convertido en banco nacional. Poco después, a pedido de un entusiasta grupo de habitués, el Congreso Nacional sancionó una ley que convocaba a licitación para construir una nueva sala. Este proyecto se concretó en 1908, cuando al cabo de varios años de postergación, marchas y contramarchas, el nuevo edificio alzó su estructura monumental sobre los terrenos que antes había ocupado la estación ferroviaria del Parque.


Lo diseñaron los arquitectos Francisco Tamburini, Victor Meano y Julio Dormal, que combinaron las líneas del estilo griego clásico con características renacentistas y algunos toques afrancesados muy en boga por entonces.


La sala, con capacidad para 3500 personas, siete pisos, acústica perfecta, un enorme escenario de 35,25 por 34,50 metros y una decoración versallesca en casi todos los ámbitos, fue en su momento la síntesis de la etapa que atravezaba el país.


No tardó en convertirse en reducto de los sectores más encumbrados de la sociedad. La inauguración oficial se efectuó el 25 de mayo de 1908, en una velada célebre a la que asistieron las más altas autoridades: el presidente Figueroa Alcorta con varios ministros de su gabinete, el intendente municipal, delegaciones extranjeras y toda la aristocracia local; la ópera elegida para la ocasión fue Aida, de Verdi.


La historia del Colón registra un nutrido anecdotario relacionado casi por entero con la actividad artística y con los intérpretes célebres que ocuparon su escenario.
Porque pueden contarse con los dedos las luminarias del arte lírico que no han pasado por el Colón. Cantantes como Enrico Caruso, Tito Schipa, Beniamino Gigli, Lily Pons o María Callas, directores como Arturo Toscanini, ejecutantes como Jascha Heifetz, y otros talentos de fama mundial dieron brillo a sus veladas y lo convirtieron en peldaño imprescindible para la consagración internacional. Paralelamente se iban formando músicos, escenógrafos, cantantes, bailarines y directores de orquesta argentinos que también alcanzaron fama mundial.



En mayo de 1927 los micrófonos radiales transmitieron por primera vez una representación, hecho que señaló el comienzo de una labor tendiente a acercar la sala al gran público. Siete años después el teatro protagonizó una singular innovación, que nunca se volvió a repetir, el organizar bailes de carnaval.


La estructura física del coliseo, aunque exteriormente conserva su aspecto original, modernizó sus elementos técnicos y extendió por debajo de las calles adyacentes su laberíntico mundo interno; sumando a sus instalaciones una reproducción exacta del escenario y del foso de la orquesta, lo cual permite realizar más ensayos y aumentar las actividades. En todos los casos se trata de reformas y ampliaciones destinadas a seguir manteniendo vivo el prestigio universal del Colón, e intactas las particularidades que han hecho de él desde hace décadas el mayor centro musical argentino y latinoamericano.

Los datos corresponden a un artículo publicado en 1970.




Dimensiones físicas, características, ampliaciones y reformas del edificio

El edificio, en un estilo ecléctico propio de principios del siglo XX, abarca 8.202 metros cuadrados, de los cuales 5.006 corresponden al edificio central y 3.196 a dependencias bajo nivel del pasaje Arturo Toscanini (aledaño al edificio del teatro, paralelo a la calle Viamonte). La superficie total cubierta del edificio antiguo es de 37.884 metros cuadrados. Las ampliaciones realizadas posteriormente, sobre todo las de finales de la década de 1960 (arquitecto Mario Roberto Álvarez), sumaron 12.000 metros cuadrados, llevando la superficie total del Teato Colón a 58.000 metros cuadrados.


La sala principal, en forma de herradura, cumple con las normas más severas del teatro clásico italiano y francés. La planta está bordeada de palcos hasta el tercer piso. La herradura tiene 29,25 metros de diámetro menor, 32,65 metros de diámetro mayor y 28 metros de altura. Tiene una capacidad total de 2.478 localidades, pero también pueden presenciar los espectáculos alrededor de 500 personas de pie. La cúpula, de 318 metros cuadrados, poseía pinturas de Marcel Jambon, que se deterioraron en los años treinta. En la década de 1970 se decidió pintar nuevamente la cúpula y el trabajo le fue encargado al pintor argentino Raúl Soldi.



El escenario posee una inclinación de tres centímetros por metro y tiene 35,25 metros de ancho por 34,50 de profundidad, y 48 metros de altura. Posee un disco giratorio de 20,30 metros de diámetro que puede accionarse eléctricamente para girar en cualquier sentido y cambiar rápidamente las escenas. En 1988, se realizaron trabajos de modernización de la maquinaria escénica en el sector de las parrillas, con el fin de facilitar el manejo de los decorados y agilizar los cambios de escena.


El foso de la orquesta posee una capacidad para 120 músicos. Está tratado con cámara de resonancia y curvas especiales de reflexión del sonido. Estas condiciones, las proporciones arquitectónicas de la sala y la calidad de los materiales contribuyen a que el Teatro Colón tenga una acústica excepcional, reconocida mundialmente como una de las más perfectas.

http://www.teatrocolon.org.ar/index.php?id=historia

Actuaron compositores como Richard Strauss, Arthur Honegger, Igor Stravinsky, Paul Hindemith, Camille Saint-Saëns, Manuel de Falla, Aaron Copland, Krzysztof Penderecki, Gian-Carlo Menotti, Héctor Panizza, Juan José Castro, Gerardo Gandini y Mauricio Kagel. Diferentes generaciones de directores de orquesta se presentaron en nuestra sala como Arturo Toscanini, Erich Kleiber, Fritz Busch, Ernest Ansermet, Wilhelm Furtwängler, Herbert von Karajan, Tulio Serafin, Leonard Bernstein, Mstislav Rostropovich, Karl Böhm, Fernando Previtali, Lorin Maazel, Bernard Haitink, Zubin Mehta, Riccardo Muti, Kurt Masur, Michel Corboz, Riccardo Chailly, Sir Simon Rattle, Claudio Abbado, René Jacobs y los argentinos Daniel Barenboim, Gabriel Garrido y Miguel Ángel Veltri, entre otros.


Entre los cantantes, la extensa lista incluye, entre miles, los tenores Enrico Caruso, Beniamino Gigli, Lauritz Melchior, Mario del Monaco, Richard Tucker, Wolfgang Windgassen, Alfredo Kraus, Plácido Domingo, José Carreras y Luciano Pavarotti; las sopranos Claudia Muzio, Lily Pons, Maria Callas, Renata Tebaldi, Kirsten Flagstad, Victoria de los Ángeles, Joan Sutherland, Birgit Nilsson, Montserrat Caballé, Eva Marton, Kiri Te Kanawa, Katia Ricciarelli, Mirella Freni, June Anderson y Renée Fleming; las mezzosopranos Fedora Barbieri, Marilyn Horne, Teresa Berganza, Christa Ludwig, Régine Crespin, Frederica von Stade, Waltraud Meier y Cecilia Bartoli; los barítonos Titta Ruffo, Leonard Warren, Hans Hotter, Cornell MacNeil, Hermann Prey, Sherrill Milnes, José van Dam, Dmitri Hvorostovsky; y los bajos Fedor Chaliapin, Borís Christoff, Ferruccio Furlanetto y Samuel Ramey.


También cantaron en el Colón artistas argentinos que han desarrollado una importante carrera internacional como Delia Rigal, Luis Lima, Raúl Giménez, Ana María González, Renato Cesari, Ricardo Cassinelli, Gian-Piero Mastromei, Ángel Mattiello, Carlo Cossutta, Carlos Guichandut, Cecilia Díaz, Paula Almerares, Marcelo Álvarez, José Cura, Darío Volonté y Virginia Tola.

Entre las primeras figuras de la danza que bailaron en el Teatro Colón se destacan Anna Pavlova, Vaslav Nijinsky, Rudolf Nureyev, Alicia Alonso, Maia Plissetskaya, Margot Fonteyn, Mijail Barishnikov, Vladimir Vassiliev, Antonio Gades y los argentinos María Ruanova, Olga Ferri, Michel Borovsky, José Neglia, Norma Fontenla, Wasil Tupin, Esmeralda Agloglia, Jorge Donn, Julio Bocca, Maximiliano Guerra y Paloma Herrera.

En las temporadas líricas, trabajaron prestigiosos régisseurs como Ernst Poettgen, Margarita Wallmann, Otto Erhart, Cecilio Madanes, Roberto Oswald, Jorge Lavelli, Gilbert Defló, Nicolas Joel, Pier Luigi Pizzi y Hugo de Ana, junto a destacados escenógrafos y figurinistas como Nicolas Benois, Paul Walter, Aníbal Lapiz, José Luciano Varona, Raúl Soldi, Guillermo Roux, Ezio Frigerio, Franca Squarciapino y Graciela Galán. También las principales orquestas del mundo actuaron en el Teatro Colón, como por ejemplo la Filarmónica de Viena, la Sinfónica de Filadelfia, la Sinfónica de Nueva York, la Filarmónica de Berlín y la Philarmonia de Londres. Destacados solistas instrumentales se lucieron en su escenario, como Martha Argerich, Alfred Brendel, Paco De Lucía, Antonio De Raco, Nelson Freire, Bruno Gelber, Friedrich Gulda, Gidon Kremer, Alberto Lysy, David Oistrakh, Manuel Rego, Narciso Yepes, Itzhak Perlman, Midori, Yo-Yo Ma, Pinchas Zukerman, Mstislav Rostropovich, Ralph Votapek y Misha Maiski

http://www.teatrocolon.org.ar/index.php?id=historia2


Historia y actualidad del teatro Colón, también en:

http://es.wikipedia.org/wiki/Teatro_Col%C3%B3n_(Argentina)



sábado, 5 de junio de 2010

Primer intento de colonia agrícola en Buenos Aires.


Pintura de Angel Della Valle
Buenos Aires (1852-1903)



Cuentan que en aquella Buenos Aires de principios del 1800 la llanura bonaerense era propiedad exclusiva de las vacas que vagaban a su antojo. Si se exceptúa un intento fracasado de Bernardino Rivadavia, el primer proyecto de radicar agricultores en la provincia de Buenos Aires se realizó en 1856, cuando el gobierno aceptó la propuesta de un coronel y conde italiano, Silvino Olivieri, para fundar una colonia agrícola-militar en tierras cercanas a Bahía Blanca.

Así nació "Nueva Roma", en un valle ubicado a tres días de viaje de Salinas Grandes, capital del imperio pampa del cacique Calfucurá, y a escasos kilómetros del futuro puerto de Bahía Blanca.

Según un mensaje que el Poder Ejecutivo provincial diera a conocer en la época,
"la legión agrícola consta de seiscientos individuos y se halla provista de todos los elementos que son necesarios para la pelea, para el trabajo y para el bienestar del soldado". Pero el gobierno no había contado con la severidad del coronel Olivieri.

El régimen de trabajo impuesto fue tan estricto que no tardó en provocar el descontento de los colonos-soldados. Dominada la primera rebelión, el jefe de la colonia se limitó a tomar prisioneros a los cabecillas y enviarlos a Buenos Aires. Sin embargo, a partir de entonces empleó métodos más terminantes.

De esa manera, el segundo intento fue reprimido violentamente, y los dieciséis sargentos que lo encabezaron, encadenados en el fondo de una caverna cercana. El rumor de que serían ajusticiados provocó el alzamiento de toda la legión.
Simulando un ataque indio, los insurrectos atrajeron a Olivieri y su estado mayor a un descampado donde los asesinaron. Fue, por supuesto, el fin de la experiencia.

Dispersados los miembros de la legión agrícola, el cacique Calfucurá prendió fuego al rancherío. Veintitrés años después, cuando las tropas de Roca acamparon en las cercanías, las vacas habían vuelto a pastar libremente en "Nueva Roma".


HOMBRES Y HECHOS
EN LA HISTORIA ARGENTINA




sábado, 15 de mayo de 2010

Primera Junta de Gobierno



Primera Junta de Gobierno,
oficialmente la
Junta Provisional Gubernativa de las Provincias del Río de la Plata a nombre del Señor Don Fernando VII

Buenos Aires, mayo de 1810

Algunos acontecimientos,

El 14 de mayo de 1810 llegó a Buenos Aires la noticia de la disolución de la Junta de Sevilla, pues la ciudad había sido tomada por los franceses, que ya dominaban casi toda la Península: la Junta era uno de los últimos bastiones del poder de la corona española y había caído ante el imperio napoleónico.
El rey Fernando VII había sido depuesto y encarcelado por Napoleón, que nombró a su hermano José Bonaparte en reemplazo y como monarca de España.

Se había constituido un Consejo de Regencia de España e Indias, pero esa novedad no había llegado aún a las costas porteñas. Esos hechos ponían en cuestión la legitimidad de Cisneros como virrey, ya que había sido designado por una Junta que había dejado de existir.
El 18 de mayo, Cisneros proclamó que gobernaba en nombre del rey Fernando VII. Por su parte, un grupo de vecinos (entre los que se contaban Nicolás Rodríguez Peña, Hipólito Vieytes, Juan José Castelli, Manuel Belgrano, Juan José Paso, Antonio Luis Beruti, Domingo French y Cornelio Saavedra) solicitó a Cisneros la realización de un cabildo abierto para determinar los pasos a seguir por el virreinato. Cisneros se resistió, pero tras numerosas presiones y negociaciones
consintió la realización de un cabildo abierto el 22 de mayo.

El principal asunto de debate en el cabildo era el de la legitimidad del gobierno y de la autoridad del virrey. Algunos sostenían que la situación debía mantenerse sin cambios, mientras que otros defendían el principio de la retroversión de la soberanía, por el cual, desaparecido el monarca legítimo, el poder debía volver a los pueblos para que formaran un nuevo gobierno. El plural de “los pueblos” es importante: no se trataba de la soberanía de “el pueblo” como unidad abstracta, sino de “los pueblos”, las ciudades y sus ciudadanos, representadas por sus cabildos.

Así, por ejemplo, Castelli sostuvo que los pueblos americanos debían asumir la dirección de sus destinos en nombre de Fernando VII, hasta que el monarca pudiera regresar al trono, mientras que Juan José Paso defendió que el cabildo de Buenos Aires debía asumir ese papel y convocar a las demás ciudades a pronunciarse al respecto tan pronto como fuera posible.
Por amplia mayoría, se decidió destituir al virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros y que el gobierno recayera en el cabildo hasta que se formara una junta de gobierno. Todas esas novedades fueron comunicadas a los vecinos el 23 de mayo.

El 24 de mayo, se conformó una nueva Junta, que estaría a cargo del gobierno hasta la llegada de los diputados del resto del virreinato. Esa Junta tenía como presidente y comandante de armas a Cisneros y como vocales a Saavedra, Castelli y los españoles Juan Nepomuceno Solá y José Santos Incháurregui.

Esa noticia causó la indignación de algunos vecinos de la ciudad y, sobre todo, la agitación de las milicias: se consideró que la permanencia de Cisneros, aunque fuera con un cargo diferente al de virrey, era una burla a la voluntad del cabildo abierto.

Durante la mañana del 25 de mayo, las personas lideradas por los milicianos de Domingo French y Antonio Beruti, comenzó a reunirse en la Plaza Mayor. Se reclamaba la anulación de la resolución del día anterior, la renuncia definitiva del virrey Cisneros y la formación de una Junta de gobierno, lo que efectivamente ocurrió horas después, cuando Cisneros había perdido ya todo apoyo.

La nueva Junta quedó conformada con Saavedra como presidente, Alberti, Azcuénaga, Belgrano, Castelli, Matheu y Larrea como vocales, y Paso y Moreno como secretarios. Esa Junta reiteró la convocatoria a los cabildos de las provincias para que enviaran diputados a Buenos Aires y aclaró que esos diputados se irían incorporando a la Junta a medida que llegaran.

Ni el consejo de Regencia, ni los miembros de la Real Audiencia aceptaron la nueva situación. Los miembros de la Audiencia no quisieron tomar juramento a los miembros de la Primera Junta y, en cambio, juraron fidelidad al Consejo de Regencia. Ante esas actitudes, la Junta decidió deportar a los miembros de la Audiencia y nombrar una nueva, compuesta íntegramente por criollos leales a la revolución.


Al principio, la Junta no se presentó como una ruptura al orden preexistente sino como una continuidad de la soberanía del monarca Fernando VII, y mientras estuviera prisionero en Francia. Se basó en la teoría de la retroversión de la soberanía, expuesta por Juan José Castelli en el Cabildo Abierto del día 22 de mayo, y el derecho de los pueblos a conferir la autoridad o mando en ausencia del monarca.

En España se habían formado Juntas de Gobierno bajo ese mismo principio, que desconocían la autoridad del rey José Bonaparte nombrado por Napoleón Bonaparte en reemplazo del Deseado.

En Buenos Aires se establece la junta de gobierno que actuaría en representación del Rey Fernando VII y luego se comunica de la decisión al resto de las provincias.
Las condiciones políticas de entonces no estaban dadas para una declaración formal de Independencia, aunque en ciertas personas, como Mariano Moreno, ya se alimentaba esa inquietud.

"De acuerdo al historiador Félix Luna en su libro Breve historia de los argentinos,
una de las consecuencias más importantes de la Revolución de Mayo en la sociedad que dejaba de ser un virreinato fue el cambio de paradigma con el cual se consideraba la relación entre el pueblo y los gobernantes. Hasta aquel entonces, primaba la concepción del bien común: si bien se respetaba completamente la autoridad monárquica, si se consideraba que una orden proveniente de la corona de España era perjudicial para el bien común de la población local, se la cumplía a medias o se la ignoraba. Esto era un procedimiento habitual.
Con la revolución, el concepto del bien común dio paso al de la soberanía popular, impulsado por personas como Moreno, Castelli o Monteagudo, que sostenía que en ausencia de las autoridades legítimas el pueblo tenía derecho a designar a sus propios gobernantes.

Con el tiempo, la soberanía popular daría paso a la regla de la mayoría, que plantea que es la mayoría de la población la que determina, al menos en teoría, al gobierno en ejercicio. Esta maduración de las ideas fue lenta y progresiva, y llevó muchas décadas hasta cristalizarse de una manera electoral, pero fue lo que llevó finalmente a la adopción del sistema republicano como forma de gobierno de Argentina.

Otra consecuencia, también según el mencionado historiador, fue la disgregación de los territorios que correspondían al Virreinato del Río de la Plata en varios territorios diferentes. La mayor parte de las ciudades que lo componían tenían poblaciones, producciones, mentalidades, contextos e intereses diferentes entre sí.

Estos pueblos se mantenían unidos gracias a la autoridad del gobierno español; al desaparecer ésta, las poblaciones de Montevideo, Paraguay y el Alto Perú comenzaron a distanciarse de Buenos Aires. La escasa duración del Virreinato del Río de la Plata, de apenas 38 años, no logró que se forjara un sentimiento patriótico que las ligara como una unidad común. Juan Bautista Alberdi también considera a la Revolución de Mayo una de las primeras manifestaciones de las disputas de poder entre la ciudad de Buenos Aires y las del interior, uno de los ejes alrededor del cual giraron las guerras civiles argentinas. Alberdi escribió en sus Escritos póstumos lo siguiente:

La revolución de Mayo de 1810, hecha por Buenos Aires, que debió tener por objeto único la independencia de la República Argentina respecto de España, tuvo además el de emancipar a la provincia de Buenos Aires de la Nación Argentina, o más bien el de imponer la autoridad de su provincia a la nación emancipada de España. Ese día cesó el poder español y se instaló el de Buenos Aires sobre las provincias argentinas."



PRIMERA JUNTA

Junta Provisional Gubernativa de las Provincias del Río de la Plata a nombre del Señor Don Fernando VII

Titular
Cornelio Saavedra
Desde 25 de mayo de 1810
Residencia Fuerte de Buenos Aires
Creación 25 de mayo de 1810
Sucedido por Junta Grande

Se conoce con el nombre de Primera Junta de Gobierno,
oficialmente la «Junta Provisional Gubernativa de las Provincias del Río de la Plata a nombre del Señor Don Fernando VII», a una Junta de gobierno surgida en Buenos Aires el 25 de mayo de 1810. Tuvo lugar tras la destitución del virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros, como consecuencia de la Revolución de Mayo.

Integrantes de la Primera Junta

Presidente
-Cornelio Saavedra

Secretarios
Mariano Moreno
•Juan José Paso

Vocales
•Manuel Alberti
•Miguel de Azcuénaga
•Manuel Belgrano
•Juan José Castelli
•Juan Larrea
•Domingo Matheu


Esa Primera Junta no declaró la independencia: aunque desconocía la autoridad del Consejo de Regencia de España e Indias, asumió las tareas de gobierno en nombre del rey de España Fernando VII, quien había sido depuesto por las Abdicaciones de Bayona (su lugar fue ocupado por el francés José Bonaparte).


En las Actas del Cabildo del 24 de mayo y 25 de mayo, refiriéndose a esos miembros de la Junta de Gobierno dicen que
“de rodillas y poniendo la mano derecha sobre los Santos Evangelios prestaron juramento de desempeñar legalmente el cargo, conservar íntegra esta parte de América a nuestro Augusto Soberano don Fernando VII”.
Y la Proclama del día siguiente, el 26 de mayo dice que es un deseo eficaz de la Junta de Gobierno elegida en el Cabildo “el sostén de estas posesiones de América en la más constante fidelidad y adhesión a nuestro muy amado Rey y Señor Don Fernando VII”.

Los fundamentos doctrinarios se complementaron con la teoría de la subrogación, por la cual al sustituir a la autoridad virreinal se asumían todas sus funciones y dignidades, por lo que la Junta debía ser reconocida por todas las ciudades y villas.

El nuevo gobierno desconoció la autoridad del Consejo de Regencia sobre el territorio americano, basándose por un lado en su carencia de representatividad con respecto a los territorios americanos; por el otro, en su falta de legitimidad, puesto que el órgano que le había transmitido sus poderes, la Junta Suprema Central, no disponía de las facultades para hacerlo.

"En la muy noble y muy leal ciudad de la Santísima Trinidad, Puerto de Santa María de Buenos Aires, a 25 de Mayo de 1810: sin haberse separado de la Sala Capitular los Señores del Exmo. Cabildo, se colocaron a la hora señalada bajo de docel, con sitial por delante, y en él la imagen del Crucifijo y los Santos Evangelios; y comparecieron los Señores Presidente y Vocales de la nueva Junta Provisoria gubernativa, D. Cornelio de Saavedra, Dr. D. Juan José Castelli, Licenciado D. Manuel Belgrano, D. Miguel de Azcuénaga, Dr. D. Manuel Alberti, D. Domingo Mateu y D. Juan Larrea; y los Señores Secretarios Dr. D. Juan José Passo y Dr. D. Mariano Moreno, quienes
ocuparon los respectivos lugares que les estaban preparados, colocándose en los demás los Prelados, Jefes, Comandantes y personas de distinción que concurrieron (...)

La sede del gobierno fue fijada en el Fuerte de Buenos Aires, que sirviera desde 1776 como residencia de los virreyes y donde hoy se encuentra la Casa de Gobierno. La Primera Junta existió como tal hasta el 18 de diciembre del mismo año, en que con la incorporación de diputados del interior se transformó en la Junta Grande.

Acción de gobierno
Una de las primeras medidas de la junta fue exigir juramento de obediencia; la Audiencia, el Cabildo y el Tribunal de Cuentas lo hicieron bajo protesta.

Con el objetivo de incorporar al resto del virreinato al proceso revolucionario, se envió la Circular del 27 de mayo a sus ciudades y villas. El documento comunicaba a los pueblos del interior de los sucesos acaecidos en la ciudad de Buenos Aires y se les requiere que designen y envíen sus diputados a la misma, exigía el reconocimiento y solicitaba la designación de representantes, que debían trasladarse a Buenos Aires, para integrar la Junta de Gobierno
“conforme y por el orden de llegada a la capital,
para que así, se hagan parte de la confianza pública que conviene al mejor servicio del rey y gobierno de los pueblos”.

Tal información es modificada el 16 de julio del mismo año al comunicarse a las villas que no eran cabeza de partido que se abstuvieran de enviar a sus elegidos.

El 28 de mayo la Junta dictó su propio reglamento. Los asuntos del gobierno se derivaron en dos secretarías: de Gobierno y Guerra, a cargo de Mariano Moreno, y de Hacienda, encomendada a Juan José Paso. Las milicias fueron transformadas en regimientos regulares, dando origen al ejército de la revolución. Reconocía el derecho a petición al declarar que todo ciudadano podía hacer conocer a la Junta sus preocupaciones en materia de seguridad y "felicidad pública".

Obras de gobierno

La Gazeta de Buenos Ayres
•Invitó a las provincias a enviar diputados para que participaran en un Congreso.
•Creación por decreto de La Gazeta de Buenos Aires, primer periódico que fue usado
como medio de propaganda política criollo.
•Fundó la Biblioteca Pública y fomentó la educación primaria.
•Atendió las necesidades de los indígenas y la salud de la población.
•Creó la primera escuadrilla naval y el Ejército.
•Creó el Departamento de Comercio y Guerra.
•Abrió la Escuela Militar de Matemática, destinada a la formación de oficiales
jóvenes.
•Habilitó nuevos puertos para agilizar la exportación de productos autóctonos.
•Promovió la venta de tierras en zonas fronterizas, para incentivar el poblamiento de
todo el territorio y aprovechar las riquezas naturales.
•Ordenan la detención del virrey Cisneros.
•Ordenan el arresto de Santiago de Liniers.
•Envían a Mariano Moreno en misión diplomática a Londres.
•Envían expediciones militares a Paraguay y Alto Perú.

Medidas frente a la Contrarrevolución
Los funcionarios españoles se resistieron al desplazamiento de Cisneros. Surgió así el problema de la contrarrevolución.

En Buenos Aires los principales núcleos de oposición fueron: la Audiencia, el Cabildo y el ex virrey. La Audiencia no reconoció a la Junta. Esta dispuso, en junio de 1810, la detención de Cisneros y de los miembros de la Audiencia y su embarque hacia España.

El Cabildo continuó en la oposición, hasta que sus integrantes fueron reemplazados por partidarios de la revolución.

En el interior, las autoridades de Córdoba (el 20 de junio), Potosí, Cochabamba, La Paz, Chuquisaca, Paraguay y Montevideo desconocieron el poder de la Junta Gubernativa.

Se organizaron movimientos contrarrevolucionarios; el más peligroso, por su cercanía de Buenos Aires, fue el de Córdoba, que, dirigido por Liniers, estableció contactos con las autoridades altoperuanas, y reunió fuerzas para resistir.

La primera población en reconocer a la junta fue la de Luján el 2 de junio, le siguieron las de Maldonado (el 4 de junio) y Colonia del Sacramento (5 de junio), pero estas dos poblaciones fueron ocupadas por los realistas de Montevideo. Luego Concepción del Uruguay (8 de junio), Santo Domingo Soriano (9 de junio), Santa Fe (12 de junio), el Fortaleza de Santa Teresa, San Luis (13 de junio) y Corrientes (16 de junio). Salta el 19 de junio en medio de una gran oposición, Gualeguay, Gualeguaychú y Catamarca (22 de junio), Mendoza (23 de junio), Tarija (25 de junio). San Miguel de Tucumán decidió el 11 de junio esperar la decisión de Salta y luego lo hizo a favor el 26 de junio. Santiago del Estero (29 de junio).
El gobernador de Misiones el 8 de julio. El cabildo de San Juan la rechazó el 13 de julio y la reconoció el día 28. San José de Jáchal (6 de agosto), San Agustín de Valle Fértil (10 de agosto). Después de sofocada la reacción de Liniers lo hizo Córdoba (8 de agosto) y Río Cuarto (13 de agosto), mientras que La Rioja evitó pronunciarse a favor hasta el 1 de septiembre. San Salvador de Jujuy (el 4 de setiembre). Cochabamba (23 de septiembre), Santa Cruz de la Sierra(24 deseptiembre), Chuquisaca (13 de noviembre), La Paz (16 de noviembre), Oruro (4 de diciembre).

La Junta trató de disuadir a los complotados; al no lograrlo, recurrió a la acción armada y a los castigos ejemplares. La medida más controvertida fue el fusilamiento de los contrarrevolucionarios de Córdoba, ejecutado durante la Primera Campaña al Alto Perú. Fue aprobado por la totalidad de los miembros de la Junta, con excepción del sacerdote Manuel Alberti.

Tres campañas militares organizó la Junta para terminar con la oposición de los funcionarios metropolitanos: Campaña al interior y al Alto Perú (1810-1811); Campaña al Paraguay (1811) y la Campaña a la Banda Oriental (1811-1812).


Crisis y transformación de la Junta
Hacia fines de 1810 las divergencias entre morenistas (tendencia más radical dentro de la Junta, conducida por Moreno) y saavedristas (tendencia más conservadora, encabezada por Saavedra) derivaron en la primera crisis de gobierno.

Como respuesta al gesto de un oficial de los Patricios, en que durante un banquete de oficiales exaltaba excesivamente la persona de Saavedra, como si fuera el "rey o emperador de América", Moreno presentó a la Junta un proyecto de Supresión de Honores. Éste reservaba los honores para la Junta como institución de gobierno, eliminando los destinados al presidente (Saavedra). Hábilmente, éste no opuso, y el documento fue aprobado el 6 de diciembre de 1810. Sin embargo, los jefes milicianos, temerosos de la pérdida de poder de Saavedra, presionaron para desplazar a Moreno.

Las ciudades del interior, cumpliendo lo dispuesto en la circular del 27 de mayo, enviaron sus representantes a la capital, para ser incorporados en la Junta. El Deán Funes, diputado de Córdoba, lideró el grupo.

Partidarios de la revolución, pero moderados en su mayoría, tenían diferencias con los porteños, fueran estos moderados o morenistas. Defendían el derecho de los pueblos a participar en el gobierno y recelaban de la supremacía de la capital.

Moreno se oponía a integrarlos a la Junta, considerando que debían formar el Congreso General de los pueblos para sancionar la constitución y establecer la forma definitiva de gobierno. Advertía que aumentar el número de integrantes del ejecutivo atentaría contra la unidad de criterio y la rapidez de la toma de decisiones.

La votación del 18 de diciembre de 1810, destinada a decidir la incorporación de los diputados del interior terminó con una amplia mayoría a favor de la incorporación.

Mariano Moreno consideró que la decisión era contraria al bien general del Estado, aceptó la voluntad de la mayoría y presentó su renuncia, que no fue aceptada.

Posteriormente solicitó ser enviado en misión diplomática al exterior. Se le encomendó realizar gestiones en Río de Janeiro y Londres, pero murió en altamar.

Los diputados fueron integrados a la Junta, y el conjunto constituyó la llamada Junta Grande, que se formó oficialmente ese mismo día.

*Factores externos e internos que llevaron a los acontecimientos de mayo de 1810 en Buenos Aires

Existían, por cierto, una serie de factores externos e internos que, lentamente, crearon las condiciones para que se desarrollaran los eventos de mayo de 1810 en Buenos Aires. Algunos de ellos venían desarrollándose desde el siglo XVIII. Así, por ejemplo, el hecho de que los Estados Unidos de Norteamérica declararan su independencia en 1776 y lograran establecer un gobierno republicano independiente de Inglaterra constituía un antecedente importante. De la misma manera, la difusión de los ideales de la Revolución Francesa de 1789 representó un papel digno de mención en la conformación del ideario de mayo. Más directamente, las Guerras Napoleónicas y los primeros triunfos de Bonaparte contra España llevaron a las abdicaciones de Carlos IV y Fernando VII a la corona y a la formación de la Junta de Sevilla (y luego del Consejo de Regencia) para gobernar en su nombre: la resistencia al gobierno napoleónico y la lealtad a Fernando VII estaban en el corazón de la proclama del Cabildo de 1810.

Uno de los factores de descontento interno estaba dado por el monopolio del comercio exterior que España mantenía sobre sus colonias. Eso implicaba que ciudades como Buenos Aires tenían formalmente prohibido el intercambio con comerciantes de otras naciones y, dada la precariedad de los contactos con la metrópoli, se desarrolló un verdadero sistema de contrabando de bienes. Además, Buenos Aires fue invadida dos veces, en 1806 y 1807, por tropas inglesas, y en ambos casos los vecinos de la ciudad, organizados en milicias, lograron expulsar a los invasores.
Aunque estos sucesos no produjeron un movimiento independentista, sí alimentaron una sensación de desamparo respecto de España y de confianza en las propias capacidades (de hecho, Santiago de Liniers, el héroe de la segunda liberación, fue designado virrey entre 1807 y 1809). Más importante aún, las milicias criollas adquirieron un importante peso político que sería decisivo para el desarrollo de los eventos de mayo.



Era solo el comienzo de un largo y dificil camino, donde existieron las llamadas "Luchas por la Independencia", en las que nombres como San Martín, Belgrano, Güemes y otros patriotas defendieron en batallas, en las cuales se perdieron muchas vidas y se regó con sangre la tierra, lo que recién se consolidaría en el Congreso de San Miguel de Tucumán el 9 de julio l816, con la presencia de la mayoría de los representantes del pueblo de las Provincias Unidas de Sud América.

Es recién allí, 6 años después, donde el pueblo de las provincias eligió a sus diputados para un congreso y los representantes del futuro país se reunieron para expresar la voluntad del pueblo de:
“romper los violentos vínculos que los ligaban a los reyes de España, recuperar los derechos de que fueron despojados, e investirse del alto carácter de una nación libre e independiente del rey Fernando séptimo, sus sucesores y metrópoli (y toda otra dominación extranjera)”.

Pronto aparecieron claramente intenciones independentistas, que quedaron ratificadas en el Congreso de Tucumán de 1816, y se desató una guerra contra los realistas, que se extendió a toda América y terminó con la liberación del continente.

Luego, siguió una guerra civil que extendió durante décadas los enfrentamientos en lo que hoy es el territorio argentino.

Aunque la Revolución de Mayo de 1810 da un inicio, el proceso de construcción del estado nacional se consolida el 9 de julio de 1816 en Tucumán, y su concreción definitiva sólo se produjo en 1862, tras la batalla de Pavón, con la unificación de la Confederación Argentina y la Provincia de Buenos Aires, que no había adherido a la Constitución en 1853.



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"Primera Junta" en la página web Wikipedia
•Primera Junta (Producción del Ministerio de Educación de la Nación)

Ministerio de Educación
http://www.educared.org.ar/biblioteca/calendario/fechas/05/05_18a24.ASP



viernes, 9 de octubre de 2009

Los comienzos de la imprenta


Imprenta utilizada en la Casa de los Niños Expósitos. Actualmente, parte de ella se exhibe en una de las salas del Cabildo de Buenos Aires.


La primera imprenta del Río de la Plata nació a principios del siglo XVIII en jurisdicción de las misiones jesuíticas, y su aparición se debió a un notable alarde de ingenio y artesanía, ya que la prensa se fabricó integramente en el lugar utilizando los materiales que brindaba la selva. Poco después comenzaron a imprimirse gramáticas, diccionarios de la lengua guaraní y obras doctrinales, pero los rastros de su actividad se desvanecen entre el fárrago de sucesos que llevaron a la devastación e incendio de las Misiones.

No sucedió lo mismo con la imprenta que la Compañía de Jesús instaló en el Colegio de Montserrat de Córdoba hacia 1766. Aunque la expulsión de los jesuitas inmovilizó la maquinaria por largos años, en 1780 la adquirió en la suma de mil pesos el progresista virrey Vértiz, quien la hizo transportar a Buenos Aires para instalarla en la Casa de Niños expósitos-fundada por él un año antes-, con el propósito de que la institución tuviese una fuente de ingresos propia.

El primer trabajo impreso fue un boletín de noticias que apareció a principios de 1781, y el primer libro, una Representación del Cavildo(1) de la ciudad de San Felipe de Montevideo. Inicialmente, la mayor parte de los libros versó sobre "asuntos de devoción", más ello no impidió que paulatinamente se fueran incorporando nuevos temas.
(1) Vale Cavildo, así se encuentra escrito en varios textos de la época, como también Buenos Ayres.

En 1792 y 1794 aparecieron dos obras muy útiles para viajeros y comerciantes: la Guía de forasteros y la Cédula ereccional del Consulado de Comercio. Hacia 1796 se imprimieron los Principios de la ciencia económica, obra traducida por un joven abogado que años más tarde daría mucho que hablar: Manuel Belgrano.
Por entonces la imprenta daba a luz un promedio de siete u ocho publicaciones por año, cantidad que se incrementó sensiblemente durante el período de las invasiones inglesas, seguramente por la inusitada conmoción política e institucional que causaron.

Pero los clientes más activos de la imprenta fueron los periódicos: el Telégrafo Mercantil, que vio la luz en abril de 1801 y fue clausurado un año y medio después, el Semanario de Agricultura, Industria y Comercio, publicado desde 1802 hasta 1807, y El Correo de Comercio, fundado en marzo de 1810 por el futuro creador de la bandera.

Después de los sucesos que culminaron el 25 de mayo la imprenta de los Niños Expósitos comenzó a editar la Gaceta de Buenos Aires, semanario dirigido por Mariano Moreno y creado por resolución de la Primera Junta.


Primera impresión del Himno Nacional por la Imprenta de Niños Expósitos.

Los habitantes de la colonia tenían acceso a periódicos internacionales y locales. Las noticias contenidas en ellos fueron fermento del proceso de Mayo de 1810. Esta información llegaba a muchas personas, ya que era leída en voz alta en espacios públicos e incluso, generaba la posibilidad de debate.

A juzgar por las publicaciones, entre 1810 y 1821, se advierte una forma de periodismo incipiente que se inició con la edición de La Gazeta de Buenos Ayres dirigida por Mariano Moreno. Este no fue sólo el primer periódico revolucionario, sino el que tuvo mayor perdurabilidad en el tiempo -se editó desde el 7 de junio de 1810 hasta el 12 de septiembre de 1821,

A su vez, el interés creciente por la cultura y la información no tardó en impulsar el nacimiento de varias imprentas más. A partir de 1812 aparecieron la de Gandarillas, la de la Independencia, la de Hallet, la de Alvarez, la del Sol y otras, dedicadas todas ellas a publicar un número creciente de libros, periódicos y boletines, y que fueron desplazando poco a poco a los talleres pioneros.

Luego de pasar a manos del Estado, y de otras vicisitudes, la imprenta de los Niños Expósitos fue sacada a remate en 1819, pero como su adquirente no pagó las sumas pactadas, al cabo de cinco años las autoridades se la quitaron para donarla a la provincia de Salta, donde sirvió para publicar el primer periódico local.

La prensa y otros elementos de esa venerable reliquia se conservan hoy en el Museo Histórico Nacional.


De Hombres y Hechos en la Historia Argentina

Imagenes tomadas de Internet




Entrada 121

sábado, 4 de julio de 2009

Francisco Hermógenes Ramos Mejía


y los INDIOS DE MIRAFLORES




En 1811 Francisco Hermógenes Ramos Mexía, hijo de un comerciante porteño, sin ser rico, su padre Gregorio Pedro Joseph de Santa Gertrudis Ramos Mexía, formaba parte de la elite española que manejaba asuntos de gobierno bajo el Virreinato.

Cruzó el río Salado-límite en ese entonces del mundo civilizado- y portando una Biblia como única arma se internó en territorio de los indios, protagonizando una experiencia inédita en lo que hace a la relación del hombre blanco con los aborígenes


Nacido en Buenos Aires el 11 de diciembre de 1773, Francisco Hermógenes Ramos Mejía,
termina sus estudios en filosofía, y deja pendientes los de teología en la universidad de Chuquisaca, y se casa en La Paz, el 5 de mayo de 1804, con María Antonia Segurola, de 15 años de edad. El matrimonio hizo que la situación patrimonial de Francisco cambiara radicalmente.

Parece haberse sentido muy poco inclinado a la vida mundana y preferir, en cambio, la vasta soledad del desierto. Con ese propósito, al regresar junto a su cónyuge del Alto Perú, luego de realizar varios años de estudios, compran la Chacra "Los Tapiales" a Martín José de Altolaguirre, que constaba, aproximadamente, de 7.000 hectáreas.

Fue allí que estableció contacto literario con Manuel Lacunza, un jesuita chileno autor, bajo el seudónimo de Josefat Ben Ezra, de un tratado sobre religión publicado bajo el título "La venida del Mesías en Gloria y Santidad".
Según han establecido sus biógrafos, la particular interpretación del cristianismo hecha por el religioso, impresionó de tal manera a Ramos Mejía, que no tardó en experimentar la imperiosa necesidad de llevarlo a la práctica.



Nació así la idea de internarse en tierras dominadas por los pampas para intentar una acción evangelizadora.
Fundó, entonces, en Diez Lomas, o Kaquel Huincul, la estancia "Miraflores"-ubicada hoy a metros de la Ruta Nacional Nº 2, situada en el viejo Partido de Monsalvo (actualmente Partido de Maipú). Lo acompañaban su mujer, María Antonia Segurola, y su hijo Matías. Tenía 38 años.

Pero ganarse la confianza de los indios no fue tan simple y a su primera actitud- pagar las tierras que ocupó-(un acto de reconocimiento de la propiedad original a sus antiguos pobladores), debió agregar una alta dosis de paciencia, hasta que convencidos de la honestidad de sus intenciones, los propios pampas se encargaron de difundir su fama hasta más allá de la cordillera.

A partír de ese momento la estancia "Miraflores" se convirtió en refugio obligado de un considerable número de naturales y gauchos- criollos alzados, huidos de la autoridad- que todos los sábados por la tarde se congregaban para escuchar sus sermones.
Y no sólo palabras ofrecía Francisco Ramos Mejía. Comida, techo y un trato sorpresivamente humano estaban a disposición de indios y perseguidos. Claro que, también, tenía sus exigencias y había impuesto una forma de vida que no resultaba nada fácil de observar:

-Nadie dentro de los límites de "Miraflores" podía beber, jugar, vivir en concubinato, ni mantener relaciones con más de una mujer".

Lo cierto es que si para sorpresa de muchos la estancia prosperaba sin pausa, resultaba más asombrosa, todavía, la armonía que reinaba en la comunidad.

Pero la experiencia debió disgustar a algunos porque mientras Francisco de Paula Castañeda, sacerdote que había adquirido enorme prestigio como periodista, lo criticaba en sus artículos, Bernardino Rivadavia, ministro del gobernador Martín Rodriguez, lo intimó a que "se abstenga de promover prácticas contrarias a las de la religión del País, y cese de producir escándalos contrarios al buen orden público, al de su casa y familia, y a su reputación personal".

Se dio como resultado de un informe de José Valentín Gómez, un influyente clérigo.
El informe decía que Ramos Mejía no estaba sólo guardando el sábado, sino que había persuadido a otros, incluyendo a los trabajadores de sus campos y a los indígenas que habían buscado su protección, a hacer lo mismo. El hecho de que fuera un laico y se atreviera a entrometerse en asuntos doctrinales desde la perspectiva bíblica, constituyeron argumentos suficientes para que fuera considerado hereje.

Su afinidad con los indios era considerada sospechosa. El Pacto de Miraflores, las "Pautas de convivencia pacífica entre blancos e indios" que Ramos Mejía presentó al gobernador Martín Rodríguez y fueron reconocidas en el Tratado de Miraflores, acordado con 16 caciques, firmado el 12 de Abril de 1820. El mismo constaba de 10 puntos, que eran significativos para la convivencia, era base firme y estable de fraternidad y seguridad recíproca.

Fue violado por el Gobierno y Francisco Ramos Mejía protestó :

“Si los Indios aspiran de hecho y de derecho a la Paz, los Christianos fomentan de hecho y de derecho la guerra. ¿No nos desengañaremos jamás de que ni el sable ni el cañón en nuestras circunstancias, ni las buenas palabras con tan malditas obras, es posible que constituyan ahora la paz entre los hermanos? ¿Será posible darle la salud a la Patria por medio de los prisioneros de la muerte?”.

Su obra no servía a los gobernantes de Buenos Aires, deseosos de obtener territorios a como diera lugar. Más tarde, un malón asoló el norte de la provincia. El gobernador Martín Rodríguez salió en su persecución y con el ejército semisublevado y despechado, regresó y pasó por Miraflores. Culpó a Ramos Mejía de ser el informante de los indios levantados; agregó la acusación de odio contra la Religión. Ordenó un requisamiento y lo detuvo;
Francisco pidió a sus indios que no se resistieran y a Martín Rodríguez, que los dejara en paz.

Un día antes de ser trasladado por la fuerza de su estancia en Maipú, fue separado de un centenar de indios fieles que vivían con él en las inmediaciones de Miraflores.
María Antonia y los niños eran encerrados en una carreta y llevados a Buenos Aires. Francisco Ramos Mejía fue esposado a lomo de caballo.
En el camino de salida de la estancia fue viendo la desolación; entre 80 y 100 indios, incluidos mujeres y niños, habían sido degollados. No se habían resistido. En Buenos Aires fue juzgado y se le dio la estancia de Los Tapiales por cárcel.

Un golpe devastador para Ramos Mejía, que cayó en una depresión irreversible.
Allí vivió sus años finales. Todos sus libros y sus manuscritos fueron quemados.
Muere en 1825 a los 52 años.

El misterio ronda el destino final de sus restos, cuentan que los familiares pidieron autorización a las autoridades para que se permitiera la sepultura en la propia estancia de Los Tapiales y les habría sido denegado. Habiendo transcurridos dos días de velatorio los indios pampas se lo llevaron una noche, probablemente para que descansen en un lugar sagrado para ellos.
El destino final de sus restos, sus descendientes nunca lo conocieron.

Con su muerte, acaecida en 1825 , se dio fin uno de los escasos intentos de integración pacífica de los indios realizados en el territorio argentino.

Dijo el historiador Ángel Verger

"Es que la vida de don Francisco Hermógenes Ramos Mexia es en muchos aspectos apasionante.
Su figura no ha trascendido como la de otros personajes de la historia argentina, tal vez porque su accionar no fue conocido mucho más allá de los límites de la estancia Los Tapiales, ni tampoco ha sido un hombre que acumulase mucho poder. Pero sin duda que su conducta y el respeto con que trató a los indios, dejaron una enseñanza que no es fácil encontrar en el legado de muchos próceres".

El historiador Adolfo Saldías, en su Historia de la Confederación,
plantea que Francisco fue el único estanciero de entonces en comprarle tierras a los indios, permitiéndosele a estos permanecer con sus tolderías en dicho territorio.


LA CHACRA DE LOS TAPIALES

La Chacra de los Tapiales, es una casona del siglo XVII, se conserva en muy buen estado sobre una colina, oculta en el Mercado Central, rodeada de árboles de más de cien años. Esta casona, propiedad de la familia Ramos Mejía desde 1808 hasta 1967, fue testigo de una parte de la historia argentina.

Las paredes son de adobe y ladrillo y las vigas están hechas de troncos de palmeras cortados a mano. A simple vista se ven las irregularidades de los hachazos.Las puertas de una de las entradas a la casona, miden un poco más de 1,80 metro para evitar que los indios que visitaban a los Ramos Mejía entraran a caballo.
En el patio central hay un aljibe de mármol de Carrara y detalles de lujo, como tejas de Marsella, chimenea de mármol de Carrara en el salón principal, piso de roble de Eslavonia y suelo calcáreo traído de España

Declarada Monumento Histórico Nacional el 21 de mayo de 1942.
En sus salas acamparon las tropas de Lavalle después de la batalla de "Puente de Márquez".
Y hasta fueron el escenario de algunos fragmentos de la película "Camila" de María Luisa Bemberg.

En 1987 llega a la Argentina el Papa Juan Pablo II, en esta visita se acerca al Mercado Central -una de las habitaciones de la torre fue preparada como lugar de descanso para su estadía- realizando en él una misa de campaña.

La casona, a la que se accede por la autopista Riccheri, se ubica detrás de las oficinas administrativas del Mercado y es imposible verla porque está en una zona más alta y hace falta subir una pendiente.

Abierto al público gratis para visitar exteriormente los 7 días de la semana en cualquier horario. Para saber horario de las visitas guiadas al interior de la Casona
llamar al Mercado Central al Tel. 11-4480-5658

Datos tomados de "Hombres y Hechos de la Historia Argentina"
y de Internet
Imágenes de Internet



domingo, 21 de junio de 2009

Alicia Moreau de Justo

Médica y política argentina, defensora de los derechos humanos y pacifista.
-Promotora del Voto Femenino en Argentina.
-Figura destacada del feminismo y del socialismo.
1885-1986. (Vivió 100 años)





En 1907
ingresó a la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires, en una época en que la sociedad veía con rechazo que las mujeres estudiasen una profesión universitaria.
Alicia Moreau perteneció al grupo de seis mujeres que se inscribieron por primera vez para estudiar medicina en Argentina. Desde sus años universitarios Alicia Moreau prestó atención a las enfermedades sociales relacionadas con la discriminación de la mujer y de los trabajadores.

En 1915

obtuvo su título universitario con diploma de honor




BIOGRAFÍA


Alicia Moreau nació en Londres, Gran Bretaña, el 11 de octubre de 1885. Su padre, Armando Moreau, fue un revolucionario francés, que participó en la Comuna de París y que, después de la derrota en 1871 y la cruenta represión subsiguiente, buscó refugio en Bélgica primero y en Gran Bretaña después.

En 1890,
Alicia y María Denanpont, su madre, emigraron a la Argentina. Pasa su niñez en el barrio de Floresta.
Una vez establecido en Buenos Aires, el padre de Alicia se integró en los grupos socialistas que comenzaban a organizar el movimiento obrero argentino. Alicia solía acompañarlo a estas reuniones y actividades.
La familia Moreau educa a su hija sin los prejuicios de la época.

Realizó sus estudios secundarios en el Colegio Normal Nº 1 donde, ella misma recuerda, recibió una influencia decisiva de parte de Hipólito Yrigoyen, quien enseñaba allí como profesor de filosofía y que varios años más adelante se convertiría en el primer presidente democrático de la Argentina. Sin embargo en 1900, Alicia cuestionó severamente la participación de Yrigoyen en los levantamientos militares impulsados por la Unión Cívica Radical.

Juventud, feminismo y socialismo

En 1902,

las hermanas Chertkoff fundadoras del Centro Socialista Femenino –que trabaja sobre la divulgación de los saberes filosóficos y sociológicos de la época– comienzan a reclamar por la instauración del sufragio femenino. Alicia acompaña a Fenia Chertkoff en la promoción de jardines maternales, la fundación de bibliotecas populares y en la Asociación Pro Educación Laica que se organiza en Morón (provincia de Buenos Aires) en 1903. Fenia era la más emprendedora de las hermanas y cuñada de Juan B. Justo (líder del Partido Socialista).

En 1906,
Alicia participa del Primer Congreso Internacional de Librepensamiento en la ciudad de Buenos Aires, donde presenta un informe de su autoría, llamado “Educación y Revolución”. El mismo estaba dedicado a la difusión de pos temas educativos durante la Revolución Francesa. Su ponencia tiene importantes resonancias en los asistentes, que se sorprenden con la edad de la expositora, 21 años.

Durante la celebración del Congreso Internacional del Libre Pensamiento, que se realizó en Buenos Aires, la republicana española Belén de Sárraga le sugirió que las argentinas deberían organizar un movimiento en favor de los derechos políticos de la mujer.
Moreau propuso la idea en una de las reuniones del Congreso y junto a otras mujeres, como Sara Justo, la Dra. Rawson Dellepiane, la Dra. Lantieri, entre otras, fundaron el Centro Feminista de Argentina y el Comité Pro-Sufragio Femenino.


En razón de su intervención, el Partido Socialista, que contaba con un activo Centro Femenino, comenzó a invitar a Alicia Moreau a dar conferencias a los simpatizantes en los diversos centros socialistas a través de la Sociedad Luz. y le acercó su programa de reivindicaciones que incluía: sufragio universal, ley de divorcio, reforma de la enseñanza, instrucción laica, gratuita y obligatoria, igualdad civil para ambos sexos y para hijos legítimos e ilegítimos, entre otras.

En 1907
ingresó a la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires, en una época en que la sociedad veía con rechazo que las mujeres estudiasen una profesión universitaria.
Alicia Moreau perteneció al grupo de seis mujeres que se inscribieron por primera vez para estudiar medicina en Argentina. Desde sus años universitarios Alicia Moreau prestó atención a las enfermedades sociales relacionadas con la discriminación de la mujer y de los trabajadores.


Entre 1906 y 1914,
Alicia Moreau escribió varios artículos sobre educación y política en la Revista Socialista Internacional dirigida por Enrique del Valle Iberlucea, quien años después sería elegido como primer senador socialista de América Latina. Algunos de esos artículos se titularon: La escuela nueva, La Comuna y la educación, Liga Internacional para la educación racional de la infancia, Internacionalismo escolar, Las universidades populares de Noruega, etc.

Por entonces Alicia Moreau expuso su tesis sobre la escuela nueva, en la que cuestionaba profundamente la escuela pública argentina, sosteniendo" que los niños solo se pertenecen a sí mismos, y que ni los padres, ni la Iglesia, ni el Estado, tienen derecho a imponerles sus dogmas y convicciones".

Dedicaba mucho tiempo a la enseñanza, reivindica los principios científicos y la libertad como fundamento de la educación y la laicicidad de la enseñanza.


El Ateneo Popular y la Revista Nueva Humanidad

En 1910
junto a Berta W. de Gerchunoff y su padre Armando Moreau, entre otros y otras, fundó el Ateneo Popular con el fin de promover la extensión secundaria y universitaria, funcionando en locales sindicales, socialistas y mutuales, que se convirtió en uno de los centros de educación popular más activos de la ciudad. Se hizo cargo de la edición de la Revista Socialista Internacional, con el nombre de Humanidad Nueva, cuya secretaría recayó en Alicia Moreau.

Ese mismo año organizó el Primer Congreso Femenino Internacional. En la revista Alicia prestó especial atención a que el pensamiento femenino se viera igual de representado que el pensamiento de los varones, difundiendo trabajos de Rosa Luxemburgo, Clara Zetkin, Carolina Muzzili, María Montessori, etc.

En 1914, al iniciarse la Primera Guerra Mundial, Alicia Moreau inició un amplio movimiento pacifista.

En 1915
obtuvo su diploma universitario con diploma de honor y una tesis titulada "La función endócrina del ovario", convirtiéndose en una de las primeras médicas de América Latina, especializándose en enfermedades femeninas. Un año más tarde, desempeñándose como ginecóloga, instala un consultorio en la calle Esmeralda al 900.
Ese mismo año publica el libro Evolución y Educación y comienza a dar clase como profesora de Fisiología en la Universidad Nacional de La Plata.

En 1919
dejó de publicarse Humanidad Nueva. Ese mismo año Alicia Moreau fue designada por las organizaciones feministas argentinas como delegada por las mujeres argentinas al Congreso Internacional de Obreras celebrado en Washington, donde se relacionó con el movimiento por el sufragio femenino norteamericano. Durante el mismo viaje participó también como delegada argentina al Congreso Internacional de Médicas, donde se destacó por su crítica a la prostitución y su defensa de una moral única para ambos sexos. Como resultado de este último congreso se fundó la Asociación Internacional de Mujeres Médicas, resultando Alicia Moreau electa para
integrar su Comité Ejecutivo.


La Unión Feminista Argentina e ingreso al Partido Socialista

En 1920
Alicia Moreau fue una de las fundadoras de la Unión Feminista Nacional (UFN) con el fin de unificar las distintas organizaciones feministas que existían en ese entonces, como el Centro Socialista Femenino, la Agrupación Socialista Femenina, y el Consejo Nacional de Mujeres.
La UFN tenía como objetivo organizar a las mujeres, a partir de centros en todo el país, para obtener la igualdad de derechos con los hombres, así como para mejorar las condiciones del trabajo femenino.

La acción política de la UFN resultó decisiva para apoyar la sanción de muchas importantes leyes de reconocimiento de los derechos de la mujer y de protección del trabajo femenino. La UFN publicó mensualmente la revista Nuestra Causa.
La UFN comenzó a organizar movilizaciones activas de mujeres durante los actos electorales, así como peticiones masivas dirigidos a los legisladores y acciones de lobby.

La UFN estaba dirigida entre otras mujeres por Alicia Moreau, quien fue elegida presidenta, Julia García Games, Angela Costa, Elsa Bachofen, Berta de Gerchunoff, Adela García Salaberry, Consuelo G. de García, Clotilde Rossi, Josefina L. de Mantecón.
La poetisa Alfonsina Storni solía participar de los actos de la UFN.

Ese mismo año Moreau es una de las creadoras del Comité Femenino de Higiene Social con el fin de combatir la trata de blancas.

Pocas semanas después la UFN establecía una alianza con el Comité pro Derechos de la Mujer, presidido por Elvira Rawson de Dellepiane, para reclamar activamente el reconocimiento del derecho a votar de las mujeres y apoyar al Partido Feminista Nacional que impulsaba la candidatura a diputada nacional de Julieta Lanteri.

La prensa conservadora comenzó a utilizar el término "damas rojas" para referirse a las mujeres que reclamaban el derecho a voto.

En 1921
decide afiliarse al Partido Socialista y al año siguiente se casó con su fundador, Juan B. Justo, que fallecerá siete años después, y con quien tuvo tres hijos: Juan Justo, Luis Justo y Alicia Justo.

A partir del casamiento, Alicia entabla una excelente relación con su suegra, Aurora Castro de Justo, quien había trascendido a fines del siglo XIX, por su decisión de divorciarse de Juan Felipe Justo. Aurora se había hecho cargo de los cinco hijos de Juan B. Justo al fallecer su primera mujer, Mariana Cherkoff, una de las tres hermanas fundadoras del Centro Socialista femenino. La relación entre Aurora y Alicia trasciende la muerte de Juan B. Justo que se produce en 1928.

Alicia Moreau de Justo alcanzó en esas décadas a integrar el Comité Ejecutivo del Partido Socialista y se convirtió en la primera mujer argentina en ocupar un cargo político.
Desde su cargo directivo en el PS organizó exitosamente las "Agrupaciones Femeninas" en cada Centro Socialista, con el fin de organizar la acción política de las mujeres. Algunas agrupaciones crearon centros para los niños, para que más mujeres pudieran acercarse a la actividad política.

El Partido Socialista se diferenció de los otros partidos políticos de la época por la gran cantidad de mujeres que militaban en sus filas.

En 1925
las feministas obtuvieron su primer triunfo parlamentario al lograr la sanción de la Ley 11.317 reglamentando el trabajo de las mujeres y los niños, en la que se establecía:

- Que las mujeres no podrían trabajar más de 8 horas diarias y 48 horas semanales.

-Prohibición del trabajo nocturno y en tareas insalubres.

-Prohibición del despido de mujeres embarazadas.

-Licencia para amamantar y obligación de las empresas de tener guarderías.

En 1926,
las feministas obtienen un nuevo y resonante triunfo con la Ley de Derechos Civiles de la Mujer que aunque no establecía la igualdad plena entre hombres y mujeres, establecía por primera vez el principio de que las mujeres y los hombres debían ser equiparados en términos de derechos.


Socialismo, pacifismo y el valor de la democracia


Durante el periodo 1930-1941
se desempeñó activamente en las campañas de solidaridad argentina en apoyo de la República durante la Guerra Civil Española, a cuyos líderes hacen llegar una significativa cantidad de fondos. Durante la Segunda Guerra Mundial, nuestro país mantiene una posición neutral.

En ese período, Alicia Moreau forma parte de la denominada Unión Democrática, conformada por radicales, socialistas, comunistas, demócrata-progresistas y conservadores. Este grupo apoya a los aliados y -en el orden interno- propugna el libre funcionamiento de las instituciones democráticas.

En 1932
Alicia Moreau de Justo elabora un proyecto de ley de sufragio femenino que es presentado por el diputado socialista Mario Bravo y obtiene la aprobación de los diputados, en medio de una amplia movilización de mujeres y presión de las organizaciones feministas. Sin embargo el proyecto fue rechazado por el Senado, donde predominaban ampliamente los conservadores.


En 1936,
cuando se realizó en Buenos Aires la Conferencia Panamericana de Cancilleres, organizó en forma paralela la Conferencia Popular por la Paz en América, en el Teatro Augusto, a la que vinieron representantes de todo el continente.

Se aprueban en el Congreso Nacional una serie de leyes tendientes a regular los derechos de los trabajadores, esta legislación era extensiva a las mujeres. Las principales medidas que establecen son:

-Se convierte en ley el “sábado inglés” –los días sábados se trabaja durante mediodía–.

-Establece el cierre de los comercios a las 20 horas.

-La reglamentación de las licencias pre y post parto para las trabajadoras mujeres.

-La creación de la Caja de Jubilaciones para los periodistas y reporteros gráficos.


En 1946
En las elecciones de febrero, la Unión Democrática no alcanza los votos necesarios. La fórmula que se impone es la del Partido Laborista (Perón-Quijano), sufriendo persecuciones durante todo este periodo por formar parte de la oposición. El socialismo enfrenta a la política de Perón, calificándola de antidemocrática. En este sentido, los socialistas emiten una serie de declaraciones alertando sobre las características autoritarias del gobierno y crean grupos de choque que enfrentan a los grupos más violentos del peronismo.

De esta forma, sumidos en un marco de represión y falta de libertad de expresión, se realizan una serie de atentados contra los locales socialistas y sus bibliotecas, muchos de ellos con bombas molotov, los cuales terminan, en varios casos, con la destrucción total de las instalaciones.

En 1946 escribió su libro "La mujer en la democracia."

En 1947,
Alicia Moreau de Justo fundó la filial argentina del Acuerdo Mundial por la Paz que agrupaba "a todas las mujeres del mundo que desean luchar contra la guerra, con espíritu de justicia y solidaridad humanas". Fue representante de la Argentina en el Congreso Mundial Femenino que se celebró en París ese año, donde participa de las Primeras Conferencias Internacionales de Mujeres por la Paz.
En ese mismo año se sanciona en la Argentina la ley que permite el sufragio femenino. Sin embargo, Alicia se siente apesadumbrada, ya que sostiene que se trata de una maniobra política y no de una conquista social.

En 1949
se sancionó una nueva Constitución Nacional que establecía la igualdad plena de la mujer y el hombre y la responsabilidad compartida frente a la patria potestad.
Alicia Moreau de Justo, a pesar de su oposición al peronismo, se alegró y apoyó esas decisiones, que concretaban el objetivo por el que había luchado durante 40 años.

Cuenta Cecilia Lérici, una dirigente del Partido Socialista, que en aquel momento dijo: "¡Qué bueno!, aunque venga del gobierno peronista".

A pesar de su oposición al peronismo, nunca tuvo una actitud despectiva para con Eva Perón, a quien consideraba que, pese a que era utilizada por el sistema,
"...era una mujer muy rebelde,... (que) después, cuando se dedicó a aliviar la situación de los trabajadores, expresaba también ese mismo sentimiento de rebeldía de las que querían el sufragio".

En 1951,
las mujeres argentina pudieron votar y ser votadas para cargos nacionales por primera vez en la historia. Alicia Moreau de Justo integró la lista de diputados
nacionales junto a otras mujeres socialistas. Sin embargo, en el marco de la persecución del gobierno contra los opositores, Alicia Moreau de Justo fue detenida
y, luego de liberada, debió esconderse, por lo que NO PUDO VOTAR.

En 1953,
La represión hacia el socialismo no se detiene, durante el segundo gobierno de Perón, la Casa del Pueblo es víctima de un atentado perpetrado desde el poder y se derrumba bajo las llamas.


Integrante de la Junta Consultiva, directora de La Vanguardia y división socialista:
en 1955,
Después del golpe militar que derrocó al Presidente Juan Perón, Alicia Moreau de Justo fue designada por el Partido Socialista como una de los cuatro miembros que le correspondían en la Junta Consultiva Nacional creada por el gobierno militar.
Fue el único cargo público que desempeñó en su vida, pero personalmente no estaba de acuerdo, debido a su posición anti-militarista.

Después del golpe militar, el Partido Socialista se dividió internamente en dos grupos: un ala conservadora que apoyaba calurosamente al gobierno militar y exigía una drástica represión del peronismo, encabezado por Américo Ghioldi, y otra ala más popular, que sospechaba de los militares en el gobierno y pretendían establecer buenas relaciones con un peronismo democratizado. Este último grupo tenía como cabezas más visibles a Alfredo Palacios y Alicia Moreau de Justo. Por entonces ella sostenía que peronistas y antiperonistas debían unirse para la transformación de una sociedad basada en la desigualdad económica.

En 1956
fue nombrada directora de La Vanguardia, el importante periódico del Partido Socialista, que tenía por entonces una tirada de 90.000 ejemplares. Moreau de Justo le imprimió al periódico partidario un contenido crítico del gobierno militar, que fue duramente cuestionado como populista por el ala conservadora del partido, llegando a acusarla de manejos delictivos.

En 1958
las diferencias entre ambos grupos era de tal magnitud que produjo la ruptura del Partido Socialista en el 44º Congreso. Se formaron entonces dos partidos: el Partido Socialista Argentino y el Partido Socialista Democrático.
Alicia Moreau de Justo, junto a Alfredo Palacios, José Luis Romero, Carlos Sánchez Viamonte, entre otros, integró el PSA.
Continuó como directora de La Vanguardia hasta 1960, adoptando entre otras posturas la necesidad urgente de la reforma agraria y el apoyo a la Revolución Cubana. Debido a la oposición interna dentro del PSA, decidió renunciar a la dirección del periódico.

En 1972,


cuando el Partido Socialista Argentino se fusionó con otros grupos socialistas para conformar el Partido Socialista Popular, Alicia Moreau de Justo se alejó del mismo, discrepando con su cercanía al peronismo, para formar la
Confederación Socialista Argentina, junto a dirigentes como Héctor Polino, Alfredo Bravo y Elena Tchalidy, entre otros.

En 1974,
tras la disgregación del Partido Socialista, Alicia Moreau llama a la unidad del “viejo tronco socialista”. Si bien no participa de esta coalición, brinda su apoyo para la conformación del Grupo de los Ocho. Esta asociación representaba una alianza de distintos partidos políticos opositores, que reclamaban la vigencia de las instituciones democráticas ante los desvíos que se evidenciaban bajo el gobierno de María Estela Martínez de Perón y su ministro de Bienestar Social José López Rega.


MILITANTE POR LOS DERECHOS HUMANOS

En 1975
fue una de las fundadoras de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH), convocada por Rosa Pantaleón, junto con el obispo de Neuquén don Jaime de Nevares, el rabino Marshall Meyer, el obispo Carlos Gatinoni, Raúl Alfonsín, Oscar Alende, Susana Pérez Gallart, Adolfo Pérez Esquivel y Alfredo Bravo.

La APDH desempeñó un importante papel de resistencia al terrorismo de estado durante la dictadura militar que gobernó entre 1976 y 1983. En esos años Alicia Moreau de Justo acompañaba a las Madres de Plaza de Mayo en sus famosas rondas frente a la casa de gobierno, presentaba peticiones de libertad a la junta militar y alos jueces.
Alicia sostenía que “lo más importante es el ejemplo que le han dado a la mujer, el ejemplo de mujeres valientes”. Durante la dictadura, una de las pocas formas de oposición es a través de las solicitadas. Alicia participa en varias, entre ellas la que reclama por la libertad de Alfredo Bravo, representante del socialismo.

En 1979,
cuando la actividad política estaba prohibida, participó junto a dirigentes de la Confederación Socialista Argentina y el Partido Socialista Popular, en un acto en el tradicional salón de la mutual socialista Unione y Benevolenza, de la Ciudad de Buenos Aires.

En 1980
fue una de las encargadas de recibir a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA, una de las acciones internacionales que más dañaron al Proceso de Reorganización Nacional.


100 AÑOS Y PROMOTORA DE LA UNIDAD SOCIALISTA


En 1981,
aún en la clandestinidad, impulsó la reunificación del Partido Socialista mediante la creación de la Unidad Socialista en alianza con el Partido Socialista Popular y el Partido Socialista del Chaco, siendo elegida presidenta.

En 1982
fue una de las pocas dirigentes políticos que se opuso frontalmente a la Guerra de las Malvinas, consecuente con sus principios antimilitaristas.

En l983
festeja el regreso de la democracia que lleva a Raúl Alfonsín, candidato de la Unión Cívica Radical, a la presidencia.

En 1984
es elegida la Mujer del Año y la Universidad de Buenos Aires le entrega un premio como Médica del Siglo.

En 1985
la declaran presidenta honoraria de las Primeras Jornadas de Mujeres Socialistas.

En 1985
cumplió 100 años y fue el centro de un homenaje en Unione e Benevolenza, en el que participó todo el espectro político y social de la Argentina, y durante el cual dio su último discurso público, especialmente dirigido a los jóvenes y a las mujeres.

Falleció a los 100 años y 7 meses, el 12 de mayo de 1986.


HOMENAJE

La Ciudad de Buenos Aires homenajeó a Alicia Moreau de Justo poniéndole su nombre a una de las avenidas más importantes de la ciudad. Y la designó Ciudadana ilustre de la Ciudad de Buenos Aires

A partir de 1987 la Fundación Alicia Moreau de Justo ha establecido el "Premio Alicia Moreau de Justo" para la Mujer del Año, que se ha transformado en uno de los más prestigiosos del país.


PUBLICACIONES

Evolución y educación, 1915
La emancipación civil de la mujer, en Humanidad Nueva, 1919
La mujer y la democracia, 1944
El Socialismo según la definición de Juan B. Justo, 1946
¿Qué es el Socialismo?, 1983

Datos tomados de:

http://es.wikipedia.org/wiki/Alicia_Moreau_de_Justo

Fuente: Biografía basada en la de la Revista Todo es Historia -Biografía a cargo de Ana Carolina López

http://www.portalplanetasedna.com.ar/alicia_moreau.htm







ACERCA DEL VOTO FEMENINO:

El acceso de las mujeres al sufragio libre fue una preocupación permanente de Alicia Moreau. El siguiente texto constituye un ejemplo representativo del recorrido realizado en esa búsqueda.



En 1931 hubo un proyecto de Mario Bravo que fue aprobado por la Cámara de Diputados, después de la acción de una comisión intersindical. En la sanción de esa ley estuvieron juntos radicales, socialistas y demócrata progresistas, de manera que salió muy bien auspiciada.
Nosotras, las mujeres socialistas nos habíamos agrupado y presentábamos peticiones y organizábamos actos y conferencias. Veíamos el gran interés de las mujeres. Pero llega la media ley al Senado y allí, donde predomina el conservadorismo, fue boicoteada y enviada a una carpeta. Alfredo Palacios reprodujo el proyecto tiempo después y también fue a parar al mismo sitio. De manera que nosotras, que podríamos haber tenido el voto como primer país en América Latina, tuvimos que ver a las uruguayas conquistarlo en el año 1936, a pesar de no haber
tenido un movimiento feminista tan activo como el nuestro.

Con esto, los conservadores creyeron que mantenían a la mujer en la casa, que no fuera a desbarrancarse por otros lados. Estaban equivocados. Todo eso estaba en el ambiente, y había muchos grupos formados y mucha agitación. El voto femenino no se materializó hasta que el peronismo comprendió todo el valor político que podía tener esa Fuerza y un senador presentó el proyecto. Como tenían mayoría fue aprobado. Por otro lado ¿quién se iba a oponer?

(...) (Eva Perón) lo recibió hecho. Nunca se había ocupado del problema, que yo sepa.
Era una mujer muy rebelde. Ella quería salir de su medio, que fue lo que hizo finalmente. Después, cuando se dedicó a aliviar la situación de los trabajadores, expresaba también el mismo sentimiento de rebeldía de las que querían el sufragio.

El voto femenino implica mayores responsabilidades cívicas. Las mujeres no podrán lavarse las manos y decir yo no voté, yo no sé nada. El país se va a la ruina y yo no tengo nada que ver”.

Alicia Moreau de Justo


http://www.portalplanetasedna.com.ar/alicia_moreau.htm



Imágenes y datos tomados de Internet