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domingo, 20 de junio de 2010

Día de la bandera-Manuel Belgrano

La bandera argentina se enarboló por primera en Rosario a las orillas del Paraná, el 27 de febrero de 1812, creada por Manuel Belgrano.
Desde el año 1938 se celebra el Día de la Bandera en Argentina, habiéndose elegido el 20 de junio, día de la fecha de su fallecimiento.



MÁXIMAS Y PENSAMIENTOS




"A quien procede con honradez, nada debe alterarle. He hecho cuanto he podido y jamás he faltado a mi palabra."


Belgrano considera que es necesario fomentar el comercio interior, ya franqueando los caminos que no son conocidos o transitados, ya facilitando el cultivo, consumo y extracción de varios frutos del país, y adelantando la fábrica de sus manufacturas; pues cree que por estos medios recobrarán sus primeras enseñanzas, tomará vigor el Estado, se aumentarán notablemente los recursos y se desterrará la ociosidad tan común en nuestro suelo.


Belgrano indica al Gobierno la necesidad de circular oficios a los Cabildos, ordenándoles que propongan los medios de fundar varios establecimientos necesarios para la educación de los jóvenes, ramo el más preciso y el más abandonado por infelicidad nuestra, para el aumento de la población y remedio de las necesidades generales de estos habitantes, como son las escuelas públicas, boticas y médicos dotados en todas las ciudades, buscando los arbitrios menos onerosos y más compatibles con las actuales urgencias del Estado.

Belgrano no tiene dudas de que todos estamos obligados a concurrir en proporción a sufragar los gastos públicos, y respecto de que el gobierno debe usarlos con un orden de igualdad sin permitir que jamás quede exhausto el fondo de la Patria.



Belgrano señala la necesidad de la integridad territorial al franquearse la comunicación directa entre las ciudades del Interior y el Paraguay.



“Bien puede pesarle a todos los demonios, pero en mí no tendrán jamás cabida”.



“Desde la más remota antigüedad hasta nuestros días, la historia de los siglos y de los tiempos nos enseña cuánto aprecio han merecido todos aquellos que han puesto el cimiento a alguna obra benéfica a la humanidad”.



“Desengañémonos: jamás han podido existir los estados luego que la corrupción ha llegado a pesar las leyes y faltar a todos los respetos; es un principio inconcuso que en tal situación todo es ruina y desolación, y si eso sucede a las grandes naciones ¿qué no sucederá a cualquiera de los ramos que contribuyen a su existencia?”.



“Deseo ardorosamente el mejoramiento de los pueblos. El bien público está en todos los instantes ante mi vida”.

“Deseo que todos sepan el bien para alegrarse, y el mal para remediarlo, si aman a su patria; así que nada oculto ni ocultaré jamás”.

“El amo viejo o ninguno”, dijo en relación a las Invasiones Inglesas.

“El camino seguro de la libertad es la lucha por la libertad social”.

“El honor y el premio son los resortes para que no se adormezca el espíritu del hombre”.

“El miedo sólo sirve para perderlo todo”.

“El modo de contener los delitos y fomentar las virtudes es castigar al delincuente y proteger al inocente”.

“En mis principios no entra causar males sino cortarlos”.


“En vano los hombres se empeñan en arrastrar a su opinión a los demás, cuando ella no está cimentada en la razón”.


“Era preciso corresponder a la confianza del pueblo, y me contraje al desempeño de esta obligación, asegurando, como aseguro, a la faz del universo, que todas mis ideas cambiaron, y ni una sola concedía a un objeto particular, por más que me interesase: el bien público estaba a todos instantes ante mi vista”. (Vocal de la Primera Junta de Gobierno).

“Es casi general la opinión de la monarquía constitucional. Han perdido casi totalmente el campo los del republicanismo”.

“Esta paz tan estimable se compra al duro precio de la sangre y de la muerte”.

“Este país, que al parecer no reflexiona ni tiene conocimientos económicos, será sin comercio un país desgraciado, esterilizada su feracidad y holgando su industria”.

“Estoy muy acostumbrado a contrastes y más espíritu tengo en ellos que en las prosperidades; me ocurre siempre en éstas que después del buen tiempo viene el malo y en éste que ha de venir aquél”.

“Fundar escuelas es sembrar en las almas”.


“La agricultura es la madre fecunda que proporciona toda las materias primeras que dan movimiento a las artes y al comercio”.


“La ciencia del comercio no se reduce á comprar por diez y vender por veinte; sus principios son más dignos, y la extensión que comprenden, es mucho más de lo que puede suceder á aquellos que, sin conocimientos, han emprendido sus negociaciones, cuyos productos, habiéndoles deslumbrado, los han persuadido de que están intelegenciados en ellos”.


“La guerra, allí, no sólo ha de hacer usted con las armas, sino con la opinión, afianzándose siempre en las virtudes naturales, cristianas y religiosas; pues los enemigos nos han hecho famas de herejes ...” Carta de Belgrano al General San Martín, Santiago del Estero, 6 de abril de 1814.


“La naturaleza nos anuncia una mujer: muy pronto va a ser madre, y presentarnos conciudadanos en quienes deben inspirar las primeras ideas, ¿y qué ha de enseñarles, si a ella nada le han enseñado? ¿Cómo ha de desarrollar virtudes morales y sociales, las cuales son las costumbres que están situadas en el fondo de los corazones de sus hijos? ¿Quién ha dicho que esas virtudes son la justicia, la verdad, la buena fe, la decencia, la beneficencia, el espíritu, y que estas cualidades son tan necesarias al hombre como de la razón de que proceden? Ruboricémonos, pero digámoslo: nadie...”



“La opinión de los pueblos sólo ha de sostenerse con la justicia. Engañados por el gobierno anterior y sus agentes, no pierden de vista las operaciones del gobierno de Buenos Aires..Son ignorantes por lo común, pero saben muy bien lo que se les debe, y acaso por su mayor ignorancia se consideran acreedores a más de lo que les corresponde”.


“La vida es nada si la libertad se pierde”.


“Las principales causas que han influido al disgusto y desaliento, al menos de los más ilustrados, el que habiendo sido engañados con la máscara de la justicia y habiendo sido expuestos a ser víctimas de la tiranía por la corrupción e intrigas de los que obtuvieron su confianza exigen una prueba más pronta y enérgica para que nadie atente impunemente contra los derechos de los pueblos”.


“Lo que creyere justo lo he de hacer, sin consideraciones ni respetos a nadie”.


“Los gobiernos ilustrados, conociendo las ventajas que prometen el premio y el honor, han echado mano de estos principios motores del corazón humano para todas las empresas”.


“Los hombres no entran en razón mientras no padecen”.


“Me glorío de no haber engañado jamás a ningún hombre y de haber procedido constantemente por el sendero de la razón y de la justicia, a pesar de haber conocido la ingratitud”.


“Mis ideas no se apartan de la razón y justicia que concibo, ni jamás se han dirigido a formar partidos, ni seguirlos”.


“Mis intenciones no son otras que el evitar la efusión de sangre entre hermanos”.


“Mucho me falta para ser un verdadero padre de la patria, me contentaría con ser un buen hijo de ella”.


“Nada hay más despreciable para el hombre de bien, para el verdadero patriota que goza de la confianza de sus conciudadanos que las riquezas. Estas son el escollo a la virtud, y adjudicadas en premio no sólo son capaces de excitar la avaricia de los demás, sino que parecen dirigidas a lisonjear una pasión abominable en el agraciado”.


“Nada importa saber o no la vida de cierta clase de hombre que todos sus trabajos y afanes los han contraído a sí mismos, y ni un solo instante han concedido a los demás; pero la de los hombres públicos, sea cual fuere, debe presentarse, o para que sirva de ejemplo que se imite, o de una lección que retraiga de incidir en sus defectos”.


“Nadie es más acreedor al título de ciudadano que el que sacrifica sus comodidades y expone su vida en defensa de la Patria”.


“Ni la virtud ni los talentos tienen precio, ni pueden compensarse con dinero sin degradarlos”.


“Ninguna cosa tiene su valor real, ni efectivo en sí mismo, sólo tiene el que nosotros le queremos dar; y éste se liga precisamente a la necesidad que tengamos de ella, a los medios de satisfacer esta inclinación, a los deseos de lograrla y a su escasez y abundancia”.


“No busco el concepto de nadie, sino el de mi propia conciencia, que al fin es con la que vivo en todos los instantes y no quiero que me remuerda”.


“No busco glorias sino la unión de los americanos y la prosperidad de la patria”.


“No es lo mismo vestir el uniforme militar, que serlo”.


“No hallo medio entre salvar a la patria o morir con honor”.


“No me olvido de lo útil que sería el establecimiento de escuelas de hilazas de lana, para, igualmente desterrar la ociosidad y remediar la indigencia de la juventud de ambos sexos...”


“Nuestros patriotas están revestidos de pasiones, y en particular, la de la venganza; es preciso contenerla y pedir a Dios que' la destierre, porque de no, esto es de nunca acabar y jamás veremos la tranquilidad”.


“Parece que la injusticia tiene en nosotros más abrigo que la justicia. Pero yo me río, y sigo mi camino”.


“Pero, ¿cómo formar las buenas costumbres, y generalizarlas con uniformidad? ¡Qué pronto hallaríamos la contestación si la enseñanza de ambos sexos estuviera en el pie debido! Mas por desgracia el sexo que principalmente debe estar dedicado a sembrar las primeras semillas lo tenemos condenado al imperio de las bagatelas y de la ignorancia...”


“Propone la educación pública de la mujer: “...vivero de las buenas madres, buenas hijas de familia, buenas maestras...”


“Que no se oiga ya que los ricos devoran a los pobres, y que la justicia es sólo para aquellos”.


“Que nos entristezcamos o nos alegremos, la mano que todo lo dirige, no por eso va a variar: esta es una verdad evangélica”.


¿Qué otra cosa son los individuos de un gobierno, que los agentes de negocios de la sociedad, para arreglarlos y dirigidos del modo que conforme al interés público?


“Quiero volar, pero mis alas son chicas para tanto peso”.


“Renuncio a mi sueldo de vocal de la Primera Junta de Gobierno por que mis principios así me lo exigen”.


“Se apoderaron de mí las ideas de libertad, igualdad, seguridad, pro piedad, y sólo veía tiranos en los que se oponían a que el hombre, fuese donde fuese, no disfrutase de unos derechos que Dios y la naturaleza le habían concedido”.


“Se deben poner escuelas gratuitas para las niñas, donde se les enseñará la doctrina cristiana, a leer, a escribir, coser, bordar, y principalmente inspirarles amor al trabajo, para separarlas de la ociosidad, tan perjudicial o más en las mujeres que en los hombres”.


“Se respetarán los usos, costumbres y aun preocupaciones de los pueblos; el que se burlare de ellos, con acciones, palabras y aun con gestos será pasado por las armas” (Bando de Belgrano en su entrada en el Alto Perú).


“Si es cierto, como lo aseguran todos los economistas, que la repartición de las riquezas hace la riqueza real y verdadera de un país, de un Estado entero, elevándolo al mayor grado de felicidad, mal podrá haberla en nuestras provincias, cuando existiendo el contrabando y con él el infernal monopolio, se reducirán las riquezas a unas cuantas manos que arrancan el jugo de la patria y la reducen a la miseria”.


“Sin educación, en balde es cansarse, nunca seremos más que lo que desgraciadamente somos”.


“Sirvo a la patria sin otro objeto que el de verla constituida, ése es el premio al que aspiro”.


“Todas las Naciones cultas se esmeran en que sus materias primeras no salgan de sus estados a manufacturarse, y todo su empeño es conseguir, no solo el darles nueva forma, sino aun atraer las del Extranjero para ejecutar lo mismo, y después vendérselas...”


“Trabajé siempre para mi patria poniendo voluntad, no incertidumbre; método, no desorden; disciplina, no caos; constancia, no improvisación; firmeza, no blandura; magnanimidad, no condescendencia”.


“Un pueblo culto nunca puede ser esclavizado”.


“Yo no sé más que hablar la verdad y expresarme con franqueza: esto me lo he propuesto desde el principio de la revolución y he seguido y seguiré así”.



En la confección de este tema se han consultado diferentes obras belgranianas, tales como: Libro Copiador de Notas del Ejército Auxiliar del Perú. Buenos Aires, Coni, 1910, t. III; Correo de Comercio; Autobiografía; Memorias Consulares; Documentos para la historia del General Don Manuel Belgrano. Buenos Aires, Instituto Nacional Belgraniano, tomos I al IV; Instituto Nacional Belgraniano, Manuel Belgrano. Los ideales de la Patria. Buenos Aires, Manrique Zago Ediciones, 1995.


Documentos y datos completos sobre la vida y obra de Manuel Belgrano en:

http://www.manuelbelgrano.gov.ar/

INSTITUTO NACIONAL BELGRANIANO





Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano nació el 3 de junio de l770 , en la calle de Santo Domingo (actual avenida Belgrano 430 ) en la ciudad de Buenos Aires . Fueron sus padres Don Domingo Belgrano y Peri , natural de Liguria , Italia , y su madre María Josefa González Casero , porteña.Fue el cuarto de trece hijos , nacido en el seno de una honorable familia , siendo su padre un próspero comerciante .

Intelectual, abogado, político, militar y revolucionario argentino, creador de la Bandera Nacional Argentina y de las primeras instituciones educativas y culturales.
Realizó sus primeros estudios en el Real Colegio de San Carlos, trasladándose con su hermano Francisco a España en 1789. Estudió leyes en Salamanca, Valladolid y Madrid, recibiéndose de abogado en la cancillería de Valladolid en 1793. Espectador de la Revolución Francesa (1789), Manuel Belgrano se ve envuelto por las ideas que se desprendían de la gesta: libertad, igualdad, seguridad, propiedad.

En 1794 se crea el Consulado de Buenos Aires y es nombrado Secretario perpetuo, por lo que se traslada hacia su patria. Durante su gestión, Manuel Belgrano fundó la Escuela de Náutica y la Academia de Geometría y Dibujo, además de abogar por la creación de la Escuela de Comercio y la de Arquitectura y Perspectiva. Todas las escuelas fueron cerradas por orden de la Corona española en 1803, ya que prefería mantener a la población atrasada y dependiente de la metrópoli.

En 1801 colabora con Francisco Cabello y Mesa en el "Telégrafo Mercantil", primer periódico del Río de la Plata. En 1806 se producen las primeras invasiones inglesas, participando de la fallida defensa de la ciudad, pasando poco tiempo después a la Banda Oriental. Manuel Belgrano fue uno de los mentores del Regimiento de Patricios, formado para defenderse de la próxima invasión, siendo electo Cornelio Saavedra como su comandante. Manuel Belgrano fue nombrado jefe de estado mayor, pero tiempo después volvió a hacerse cargo del Consulado hasta su renuncia en 1810, siendo uno de los principales dirigentes de la insurrección que se transformó en la Revolución de Mayo.

Participó del cabildo abierto del 22 de mayo y el 25 fue elegido vocal de la Primera Junta de Gobierno. Aunque no era militar profesional, Manuel Belgrano fue nombrado general al mando del ejército libertador del Paraguay, siendo derrotado por tropas numéricamente muy superiores en la batalla de Paraguarí y en la batalla de Tacuarí. En 1812, Manuel Belgrano fue enviado a Rosario (Santa Fe), donde ideó una escarapela con los colores celeste y blanco como distintivo para los soldados y con esos mismos colores, creó la bandera que enarboló por primera vez el 27 de febrero a orillas del Río Paraná.

A comienzos de 1815 abandona completamente sus funciones militares y es enviado a Europa, junto a Bernardino Rivadavia y Manuel de Sarratea, en funciones diplomáticas. Regresa a la Argentina en 1816 y desarrolla una ardua actividad política a favor de la independencia. Aquejado por una grave enfermedad, muere en Buenos Aires el 20 de junio de 1820.

La creación de la bandera argentina


Manuel Belgrano enarbolando la Bandera.


Fue nombrado jefe del regimiento de Patricios en reemplazo de Saavedra, que había sido condenado a destierro. Pero el Regimiento se negó a aceptarlo como su jefe, y se amotinó, en el llamado Motín de las Trenzas, que fue sangrientamente reprimido. Para recomponer la disciplina, fue enviado a Rosario a vigilar el Río Paraná contra avances de los realistas de Montevideo.

Allí, en Rosario a las orillas del Paraná, el 27 de febrero de 1812 enarboló por primera vez la bandera argentina, creada por él con los colores de la escarapela, también obra suya. Lo hizo ante las baterías de artillería que denominó "Libertad" e "Independencia", donde hoy se ubica el Monumento Histórico Nacional a la Bandera. Inicialmente, la bandera era un distintivo para su división del ejército, pero luego la adoptó como un símbolo de independencia. Esta actitud le costó su primer enfrentamiento abierto con el gobierno centralista de Buenos Aires, personificado en la figura del ministro Bernardino Rivadavia, de posturas netamente europeizantes. El Triunvirato reaccionó alarmado: la situación militar podría obligar a declarar una vez más la soberanía del rey de España, de modo que Rivadavia le ordenó destruir la bandera. Sin embargo, Belgrano la guardó y decidió que la impondría después de alguna victoria que levantara los ánimos del ejército y del Triunvirato.

En cuanto a su elección de los colores de la bandera nacional argentina, tradicionalmente se ha dicho que se inspiró en los colores del cielo; esta versión es sin dudas válida aunque no excluyente de otras. Sin embargo, es muy probable que haya elegido los colores de la dinastía borbónica (el azul-celeste y el 'plata' o blanco) como una solución de compromiso: en sus momentos iniciales las Provincias Unidas del Río de la Plata, para evitar el estatus de rebelde declararon que rechazaban la ocupación realista, aunque mantenían aún fidelidad a los Borbones. Por otra parte, Belgrano parece haber sido devoto de la Virgen de Luján, y otras advocaciones de la Virgen (de Chaguaya, de Itatí, del Valle, de Cotoca, y de Caacupé), cuyas vestes tradicionalmente son o han sido albicelestes.

En el año 1938 por primera vez se celebró el Día de la Bandera en Argentina, eligiéndose el 20 de junio, día de la fecha de su fallecimiento.


http://es.wikipedia.org/wiki/Manuel_Belgrano


Entrada sobre la Tarja de Potosí, entregada a Manuel Belgrano:






La rosa albiceleste fue el presente que hice para las chicas en este día especial para nosotros.
La bandera es el símbolo patrio que nos une y como un poncho nos cobija.


martes, 8 de junio de 2010

La Tarja de Potosí


Exhibida en el Museo Histórico Nacional. Se trata de una joya de oro y plata que le fuera obsequiada al general Manuel Belgrano en 1813. De gran porte, mide 1,70 mts. de ancho por 1,03 mts. de alto y con un costo estimativo de 7.000 pesos fuertes.

Así la describió Antonio Dellepiane, sociólogo y hombre de letras argentino(1864-1940) en su libro "Estudio de historia y arte argentino":

-Entre los valiosos objetos exhibidos en el Museo Histórico Nacional, uno de los que el público examina con más curiosidad es la "tarja".
El objeto en sí, una compleja obra de platería, al parecer abstrusa e incoherente; una reunión de piezas desemejantes, formadas por follajes, frutas, flores, animales y figuras humanas, que se yuxtaponen o sobreponen las unas a las otras, para constituir un todo, proporcionado y esbelto en sus líneas generales, sin duda alguna, pero fantasioso y desconcertante en su composición.

Sábese que es un obsequio hecho a Belgrano por las damas de Potosí, después de vencer en Tucumán y en Salta. Aunque no estuviera constituido por una masa ingente de metales nobles y de la mejor ley, y repujado y cincelado por artífices orfebreros, la tarja sería para nosotros objeto de subido valor documental.

En la parte central campea como idea-madre, una hermosa placa de oro en forma de escudo oval, circuída por una hoja de palma y otra de laurel, símbolos de homenaje a los héroes. Esta lámina cubre y protege, en apariencia, el espacio encerrado por una gran cinta, que trae a nuestro recuerdo el contorno inconfundible de la América del Sur, con el istmo de Panamá en el ángulo noroeste, y el grupo de las Malvinas al este, en la parte austral dirigida hacia el sudeste. Dos bajeles de oro hay a derecha e izquierda de la supuesta tierra americana, que surcan el espacio correspondiente a los océanos Atlántico y Pacífico, y un letrero que dice: "La América del Sur", escrito en la cartela llevada en el pico por un ave de oro que, saliendo de la parte superior de la tarja, asciende volando a las alturas.




A este cuerpo central se superponen dos nuevos miembros, situados, el uno, arriba del descripto y, el otro rodeándole a uno y otro lado y por debajo. El miembro superior consta de dos piezas cuneiformes. El cono de la derecha representa el famoso cerro de Potosí, que se muestra perforado en numerosos puntos por pozos de minas, cuyas bocas circulares se perciben facilmente, y surcado por caminos que a ella conducen y por donde se ven subir o bajar llamas cargadas, emblema de actividad comercial y de riqueza minera.

En el flanco del cerro, a la izquierda, descansa por uno de sus extremos la segunda pieza del miembro que consideramos. Es la villa de Potosí, figurada por medio de castillos y edificios, donde ondean banderas y se levantan árboles diversos. Sobre esta pieza se yergue una figura humana, con traje talar, que representa a la sociedad o a las damas de Potosí, que rinden el homenaje. Esta figura sostiene una cadenita de oro, que une este miembro superior con el lateral e inferior, simbolizando la unión política y espiritual, entonces existente, entre la ciudad arribeña y las provincias "de abajo", bañadas por el Plata, donde se arrulló la infancia del héroe glorificado en el monumento.

El tercer cuerpo, periférico al anterior, está compuesto de un miembro superior y otro inferior. El superior consiste en dos palmas que se unen hacia arriba por sus dos extremidades. Cada una de estas palmas va acompañada de dos, a manera de cintas, formadas por pequeños discos colocados en hilera, uno al lado del otro. Sobre ambas cintas se alzan varias figuras masculinas sosteniendo sendas cartelas que dicen: Viva la patria. La primera palabra se halla abreviada. Las dos anchas cintas de plata acanalada que bajan de derecha e izquierda, formando escalones o meandros en su curso para unirse por debajo en una figura elipsoidal, representan las dos grandes vertientes que, descendiendo de las entrañas del continente americano, confluyen para formar el Río de la Plata. En el escudo oval de oro, situado inmediatamente debajo del elipsoide figurativo del Río de la Plata, hay una inscripción que dice:

"Hoy la América del Sur
te ofrece con toda el alma
en esta guirnalda y palma
los tributos de su amor"

El cuerpo inferior de este tercer miembro consiste en una guirnalda que se desarrolla en curvas graciosas, y que cuelga a uno y otro lado, por sus extremos, de la faja en forma de V ya considerada.
Estos cuerpos céntricos que se acaban de describir, explican el monumento de sus ideas cardinales.
La aparente complicación y enmarañamiento de la obra, desaparecen una vez que se la conoce y se la entiende.
La tarja fué un obsequio verdaderamente regio, digno a la verdad de un emperador, y por lo tanto de Belgrano, que lo era, sin duda, en el mundo moral.

Antonio Dellepiane

Fragmento de su trabajo La Tarja de Potosí, leído por su autor el 24 de mayo de 1917, para inaugurar las conferencias públicas instituídas por el Museo Histórico Nacional, y publicado en su libro "Estudio de historia y arte argentino".


La Joya, que le fuera obsequiada el 4 de julio de 1813, fue enviada por el general Manuel Belgrano en diciembre de 1813 al Gobierno de Buenos Aires, y fue exhibida al pueblo desde los balcones del Cabildo por cierto tiempo.

Los orfebres de la Villa de Potosí,(entonces Alto Perú, actualmente República de Bolivia), realizaron esta joya de arte de la platería virreinal a pedido de las damas de Potosí. Expertos y reconocidos maestros medallistas y cinceladores de joyas, que lograron plasmar admirablemente las hazañas del general Belgrano en la gesta de la independencia americana.






martes, 25 de mayo de 2010

BICENTENARIO en imágenes



BICENTENARIO DE LA REVOLUCIÓN DE MAYO

25 DE MAYO

1810-2010



PATRIA MIA, TE SALUDO
Y
AL GRAN PUEBLO ARGENTINO, SALUD!!


Algunas de las fotos tomadas el día 24 de mayo en la Buenos Aires del bicentenario













Una celebración multitudinaria, el pueblo estaba en la plaza como en 1810, y como en 1910 también lo conmemoraron los que nos antecedieron.



No estuvimos en el primer centenario y seguramente no estaremos en el próximo. Este era nuestro momento en la historia y así lo vivimos, junto a nuestros hermanos y con todas las naciones que nos acompañaron en sus delegaciones.

Juntos y convocados por los mismos colores, los únicos, los de la Patria, en esta plaza y en cada una de las plazas de las provincias del país.

Con la esperanza, que cuando se conmemoren los trecientos años de la Revolución de Mayo, nuestros descendientes vuelvan a la plaza, y sigan cantando con el mismo fervor el Himno Nacional y que estén cobijados por la misma celeste y blanca que hoy nos convoca y nos representa.

Pienso que cada familia que estaba con sus hijos guardaba esa dulce esperanza.






sábado, 15 de mayo de 2010

Primera Junta de Gobierno



Primera Junta de Gobierno,
oficialmente la
Junta Provisional Gubernativa de las Provincias del Río de la Plata a nombre del Señor Don Fernando VII

Buenos Aires, mayo de 1810

Algunos acontecimientos,

El 14 de mayo de 1810 llegó a Buenos Aires la noticia de la disolución de la Junta de Sevilla, pues la ciudad había sido tomada por los franceses, que ya dominaban casi toda la Península: la Junta era uno de los últimos bastiones del poder de la corona española y había caído ante el imperio napoleónico.
El rey Fernando VII había sido depuesto y encarcelado por Napoleón, que nombró a su hermano José Bonaparte en reemplazo y como monarca de España.

Se había constituido un Consejo de Regencia de España e Indias, pero esa novedad no había llegado aún a las costas porteñas. Esos hechos ponían en cuestión la legitimidad de Cisneros como virrey, ya que había sido designado por una Junta que había dejado de existir.
El 18 de mayo, Cisneros proclamó que gobernaba en nombre del rey Fernando VII. Por su parte, un grupo de vecinos (entre los que se contaban Nicolás Rodríguez Peña, Hipólito Vieytes, Juan José Castelli, Manuel Belgrano, Juan José Paso, Antonio Luis Beruti, Domingo French y Cornelio Saavedra) solicitó a Cisneros la realización de un cabildo abierto para determinar los pasos a seguir por el virreinato. Cisneros se resistió, pero tras numerosas presiones y negociaciones
consintió la realización de un cabildo abierto el 22 de mayo.

El principal asunto de debate en el cabildo era el de la legitimidad del gobierno y de la autoridad del virrey. Algunos sostenían que la situación debía mantenerse sin cambios, mientras que otros defendían el principio de la retroversión de la soberanía, por el cual, desaparecido el monarca legítimo, el poder debía volver a los pueblos para que formaran un nuevo gobierno. El plural de “los pueblos” es importante: no se trataba de la soberanía de “el pueblo” como unidad abstracta, sino de “los pueblos”, las ciudades y sus ciudadanos, representadas por sus cabildos.

Así, por ejemplo, Castelli sostuvo que los pueblos americanos debían asumir la dirección de sus destinos en nombre de Fernando VII, hasta que el monarca pudiera regresar al trono, mientras que Juan José Paso defendió que el cabildo de Buenos Aires debía asumir ese papel y convocar a las demás ciudades a pronunciarse al respecto tan pronto como fuera posible.
Por amplia mayoría, se decidió destituir al virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros y que el gobierno recayera en el cabildo hasta que se formara una junta de gobierno. Todas esas novedades fueron comunicadas a los vecinos el 23 de mayo.

El 24 de mayo, se conformó una nueva Junta, que estaría a cargo del gobierno hasta la llegada de los diputados del resto del virreinato. Esa Junta tenía como presidente y comandante de armas a Cisneros y como vocales a Saavedra, Castelli y los españoles Juan Nepomuceno Solá y José Santos Incháurregui.

Esa noticia causó la indignación de algunos vecinos de la ciudad y, sobre todo, la agitación de las milicias: se consideró que la permanencia de Cisneros, aunque fuera con un cargo diferente al de virrey, era una burla a la voluntad del cabildo abierto.

Durante la mañana del 25 de mayo, las personas lideradas por los milicianos de Domingo French y Antonio Beruti, comenzó a reunirse en la Plaza Mayor. Se reclamaba la anulación de la resolución del día anterior, la renuncia definitiva del virrey Cisneros y la formación de una Junta de gobierno, lo que efectivamente ocurrió horas después, cuando Cisneros había perdido ya todo apoyo.

La nueva Junta quedó conformada con Saavedra como presidente, Alberti, Azcuénaga, Belgrano, Castelli, Matheu y Larrea como vocales, y Paso y Moreno como secretarios. Esa Junta reiteró la convocatoria a los cabildos de las provincias para que enviaran diputados a Buenos Aires y aclaró que esos diputados se irían incorporando a la Junta a medida que llegaran.

Ni el consejo de Regencia, ni los miembros de la Real Audiencia aceptaron la nueva situación. Los miembros de la Audiencia no quisieron tomar juramento a los miembros de la Primera Junta y, en cambio, juraron fidelidad al Consejo de Regencia. Ante esas actitudes, la Junta decidió deportar a los miembros de la Audiencia y nombrar una nueva, compuesta íntegramente por criollos leales a la revolución.


Al principio, la Junta no se presentó como una ruptura al orden preexistente sino como una continuidad de la soberanía del monarca Fernando VII, y mientras estuviera prisionero en Francia. Se basó en la teoría de la retroversión de la soberanía, expuesta por Juan José Castelli en el Cabildo Abierto del día 22 de mayo, y el derecho de los pueblos a conferir la autoridad o mando en ausencia del monarca.

En España se habían formado Juntas de Gobierno bajo ese mismo principio, que desconocían la autoridad del rey José Bonaparte nombrado por Napoleón Bonaparte en reemplazo del Deseado.

En Buenos Aires se establece la junta de gobierno que actuaría en representación del Rey Fernando VII y luego se comunica de la decisión al resto de las provincias.
Las condiciones políticas de entonces no estaban dadas para una declaración formal de Independencia, aunque en ciertas personas, como Mariano Moreno, ya se alimentaba esa inquietud.

"De acuerdo al historiador Félix Luna en su libro Breve historia de los argentinos,
una de las consecuencias más importantes de la Revolución de Mayo en la sociedad que dejaba de ser un virreinato fue el cambio de paradigma con el cual se consideraba la relación entre el pueblo y los gobernantes. Hasta aquel entonces, primaba la concepción del bien común: si bien se respetaba completamente la autoridad monárquica, si se consideraba que una orden proveniente de la corona de España era perjudicial para el bien común de la población local, se la cumplía a medias o se la ignoraba. Esto era un procedimiento habitual.
Con la revolución, el concepto del bien común dio paso al de la soberanía popular, impulsado por personas como Moreno, Castelli o Monteagudo, que sostenía que en ausencia de las autoridades legítimas el pueblo tenía derecho a designar a sus propios gobernantes.

Con el tiempo, la soberanía popular daría paso a la regla de la mayoría, que plantea que es la mayoría de la población la que determina, al menos en teoría, al gobierno en ejercicio. Esta maduración de las ideas fue lenta y progresiva, y llevó muchas décadas hasta cristalizarse de una manera electoral, pero fue lo que llevó finalmente a la adopción del sistema republicano como forma de gobierno de Argentina.

Otra consecuencia, también según el mencionado historiador, fue la disgregación de los territorios que correspondían al Virreinato del Río de la Plata en varios territorios diferentes. La mayor parte de las ciudades que lo componían tenían poblaciones, producciones, mentalidades, contextos e intereses diferentes entre sí.

Estos pueblos se mantenían unidos gracias a la autoridad del gobierno español; al desaparecer ésta, las poblaciones de Montevideo, Paraguay y el Alto Perú comenzaron a distanciarse de Buenos Aires. La escasa duración del Virreinato del Río de la Plata, de apenas 38 años, no logró que se forjara un sentimiento patriótico que las ligara como una unidad común. Juan Bautista Alberdi también considera a la Revolución de Mayo una de las primeras manifestaciones de las disputas de poder entre la ciudad de Buenos Aires y las del interior, uno de los ejes alrededor del cual giraron las guerras civiles argentinas. Alberdi escribió en sus Escritos póstumos lo siguiente:

La revolución de Mayo de 1810, hecha por Buenos Aires, que debió tener por objeto único la independencia de la República Argentina respecto de España, tuvo además el de emancipar a la provincia de Buenos Aires de la Nación Argentina, o más bien el de imponer la autoridad de su provincia a la nación emancipada de España. Ese día cesó el poder español y se instaló el de Buenos Aires sobre las provincias argentinas."



PRIMERA JUNTA

Junta Provisional Gubernativa de las Provincias del Río de la Plata a nombre del Señor Don Fernando VII

Titular
Cornelio Saavedra
Desde 25 de mayo de 1810
Residencia Fuerte de Buenos Aires
Creación 25 de mayo de 1810
Sucedido por Junta Grande

Se conoce con el nombre de Primera Junta de Gobierno,
oficialmente la «Junta Provisional Gubernativa de las Provincias del Río de la Plata a nombre del Señor Don Fernando VII», a una Junta de gobierno surgida en Buenos Aires el 25 de mayo de 1810. Tuvo lugar tras la destitución del virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros, como consecuencia de la Revolución de Mayo.

Integrantes de la Primera Junta

Presidente
-Cornelio Saavedra

Secretarios
Mariano Moreno
•Juan José Paso

Vocales
•Manuel Alberti
•Miguel de Azcuénaga
•Manuel Belgrano
•Juan José Castelli
•Juan Larrea
•Domingo Matheu


Esa Primera Junta no declaró la independencia: aunque desconocía la autoridad del Consejo de Regencia de España e Indias, asumió las tareas de gobierno en nombre del rey de España Fernando VII, quien había sido depuesto por las Abdicaciones de Bayona (su lugar fue ocupado por el francés José Bonaparte).


En las Actas del Cabildo del 24 de mayo y 25 de mayo, refiriéndose a esos miembros de la Junta de Gobierno dicen que
“de rodillas y poniendo la mano derecha sobre los Santos Evangelios prestaron juramento de desempeñar legalmente el cargo, conservar íntegra esta parte de América a nuestro Augusto Soberano don Fernando VII”.
Y la Proclama del día siguiente, el 26 de mayo dice que es un deseo eficaz de la Junta de Gobierno elegida en el Cabildo “el sostén de estas posesiones de América en la más constante fidelidad y adhesión a nuestro muy amado Rey y Señor Don Fernando VII”.

Los fundamentos doctrinarios se complementaron con la teoría de la subrogación, por la cual al sustituir a la autoridad virreinal se asumían todas sus funciones y dignidades, por lo que la Junta debía ser reconocida por todas las ciudades y villas.

El nuevo gobierno desconoció la autoridad del Consejo de Regencia sobre el territorio americano, basándose por un lado en su carencia de representatividad con respecto a los territorios americanos; por el otro, en su falta de legitimidad, puesto que el órgano que le había transmitido sus poderes, la Junta Suprema Central, no disponía de las facultades para hacerlo.

"En la muy noble y muy leal ciudad de la Santísima Trinidad, Puerto de Santa María de Buenos Aires, a 25 de Mayo de 1810: sin haberse separado de la Sala Capitular los Señores del Exmo. Cabildo, se colocaron a la hora señalada bajo de docel, con sitial por delante, y en él la imagen del Crucifijo y los Santos Evangelios; y comparecieron los Señores Presidente y Vocales de la nueva Junta Provisoria gubernativa, D. Cornelio de Saavedra, Dr. D. Juan José Castelli, Licenciado D. Manuel Belgrano, D. Miguel de Azcuénaga, Dr. D. Manuel Alberti, D. Domingo Mateu y D. Juan Larrea; y los Señores Secretarios Dr. D. Juan José Passo y Dr. D. Mariano Moreno, quienes
ocuparon los respectivos lugares que les estaban preparados, colocándose en los demás los Prelados, Jefes, Comandantes y personas de distinción que concurrieron (...)

La sede del gobierno fue fijada en el Fuerte de Buenos Aires, que sirviera desde 1776 como residencia de los virreyes y donde hoy se encuentra la Casa de Gobierno. La Primera Junta existió como tal hasta el 18 de diciembre del mismo año, en que con la incorporación de diputados del interior se transformó en la Junta Grande.

Acción de gobierno
Una de las primeras medidas de la junta fue exigir juramento de obediencia; la Audiencia, el Cabildo y el Tribunal de Cuentas lo hicieron bajo protesta.

Con el objetivo de incorporar al resto del virreinato al proceso revolucionario, se envió la Circular del 27 de mayo a sus ciudades y villas. El documento comunicaba a los pueblos del interior de los sucesos acaecidos en la ciudad de Buenos Aires y se les requiere que designen y envíen sus diputados a la misma, exigía el reconocimiento y solicitaba la designación de representantes, que debían trasladarse a Buenos Aires, para integrar la Junta de Gobierno
“conforme y por el orden de llegada a la capital,
para que así, se hagan parte de la confianza pública que conviene al mejor servicio del rey y gobierno de los pueblos”.

Tal información es modificada el 16 de julio del mismo año al comunicarse a las villas que no eran cabeza de partido que se abstuvieran de enviar a sus elegidos.

El 28 de mayo la Junta dictó su propio reglamento. Los asuntos del gobierno se derivaron en dos secretarías: de Gobierno y Guerra, a cargo de Mariano Moreno, y de Hacienda, encomendada a Juan José Paso. Las milicias fueron transformadas en regimientos regulares, dando origen al ejército de la revolución. Reconocía el derecho a petición al declarar que todo ciudadano podía hacer conocer a la Junta sus preocupaciones en materia de seguridad y "felicidad pública".

Obras de gobierno

La Gazeta de Buenos Ayres
•Invitó a las provincias a enviar diputados para que participaran en un Congreso.
•Creación por decreto de La Gazeta de Buenos Aires, primer periódico que fue usado
como medio de propaganda política criollo.
•Fundó la Biblioteca Pública y fomentó la educación primaria.
•Atendió las necesidades de los indígenas y la salud de la población.
•Creó la primera escuadrilla naval y el Ejército.
•Creó el Departamento de Comercio y Guerra.
•Abrió la Escuela Militar de Matemática, destinada a la formación de oficiales
jóvenes.
•Habilitó nuevos puertos para agilizar la exportación de productos autóctonos.
•Promovió la venta de tierras en zonas fronterizas, para incentivar el poblamiento de
todo el territorio y aprovechar las riquezas naturales.
•Ordenan la detención del virrey Cisneros.
•Ordenan el arresto de Santiago de Liniers.
•Envían a Mariano Moreno en misión diplomática a Londres.
•Envían expediciones militares a Paraguay y Alto Perú.

Medidas frente a la Contrarrevolución
Los funcionarios españoles se resistieron al desplazamiento de Cisneros. Surgió así el problema de la contrarrevolución.

En Buenos Aires los principales núcleos de oposición fueron: la Audiencia, el Cabildo y el ex virrey. La Audiencia no reconoció a la Junta. Esta dispuso, en junio de 1810, la detención de Cisneros y de los miembros de la Audiencia y su embarque hacia España.

El Cabildo continuó en la oposición, hasta que sus integrantes fueron reemplazados por partidarios de la revolución.

En el interior, las autoridades de Córdoba (el 20 de junio), Potosí, Cochabamba, La Paz, Chuquisaca, Paraguay y Montevideo desconocieron el poder de la Junta Gubernativa.

Se organizaron movimientos contrarrevolucionarios; el más peligroso, por su cercanía de Buenos Aires, fue el de Córdoba, que, dirigido por Liniers, estableció contactos con las autoridades altoperuanas, y reunió fuerzas para resistir.

La primera población en reconocer a la junta fue la de Luján el 2 de junio, le siguieron las de Maldonado (el 4 de junio) y Colonia del Sacramento (5 de junio), pero estas dos poblaciones fueron ocupadas por los realistas de Montevideo. Luego Concepción del Uruguay (8 de junio), Santo Domingo Soriano (9 de junio), Santa Fe (12 de junio), el Fortaleza de Santa Teresa, San Luis (13 de junio) y Corrientes (16 de junio). Salta el 19 de junio en medio de una gran oposición, Gualeguay, Gualeguaychú y Catamarca (22 de junio), Mendoza (23 de junio), Tarija (25 de junio). San Miguel de Tucumán decidió el 11 de junio esperar la decisión de Salta y luego lo hizo a favor el 26 de junio. Santiago del Estero (29 de junio).
El gobernador de Misiones el 8 de julio. El cabildo de San Juan la rechazó el 13 de julio y la reconoció el día 28. San José de Jáchal (6 de agosto), San Agustín de Valle Fértil (10 de agosto). Después de sofocada la reacción de Liniers lo hizo Córdoba (8 de agosto) y Río Cuarto (13 de agosto), mientras que La Rioja evitó pronunciarse a favor hasta el 1 de septiembre. San Salvador de Jujuy (el 4 de setiembre). Cochabamba (23 de septiembre), Santa Cruz de la Sierra(24 deseptiembre), Chuquisaca (13 de noviembre), La Paz (16 de noviembre), Oruro (4 de diciembre).

La Junta trató de disuadir a los complotados; al no lograrlo, recurrió a la acción armada y a los castigos ejemplares. La medida más controvertida fue el fusilamiento de los contrarrevolucionarios de Córdoba, ejecutado durante la Primera Campaña al Alto Perú. Fue aprobado por la totalidad de los miembros de la Junta, con excepción del sacerdote Manuel Alberti.

Tres campañas militares organizó la Junta para terminar con la oposición de los funcionarios metropolitanos: Campaña al interior y al Alto Perú (1810-1811); Campaña al Paraguay (1811) y la Campaña a la Banda Oriental (1811-1812).


Crisis y transformación de la Junta
Hacia fines de 1810 las divergencias entre morenistas (tendencia más radical dentro de la Junta, conducida por Moreno) y saavedristas (tendencia más conservadora, encabezada por Saavedra) derivaron en la primera crisis de gobierno.

Como respuesta al gesto de un oficial de los Patricios, en que durante un banquete de oficiales exaltaba excesivamente la persona de Saavedra, como si fuera el "rey o emperador de América", Moreno presentó a la Junta un proyecto de Supresión de Honores. Éste reservaba los honores para la Junta como institución de gobierno, eliminando los destinados al presidente (Saavedra). Hábilmente, éste no opuso, y el documento fue aprobado el 6 de diciembre de 1810. Sin embargo, los jefes milicianos, temerosos de la pérdida de poder de Saavedra, presionaron para desplazar a Moreno.

Las ciudades del interior, cumpliendo lo dispuesto en la circular del 27 de mayo, enviaron sus representantes a la capital, para ser incorporados en la Junta. El Deán Funes, diputado de Córdoba, lideró el grupo.

Partidarios de la revolución, pero moderados en su mayoría, tenían diferencias con los porteños, fueran estos moderados o morenistas. Defendían el derecho de los pueblos a participar en el gobierno y recelaban de la supremacía de la capital.

Moreno se oponía a integrarlos a la Junta, considerando que debían formar el Congreso General de los pueblos para sancionar la constitución y establecer la forma definitiva de gobierno. Advertía que aumentar el número de integrantes del ejecutivo atentaría contra la unidad de criterio y la rapidez de la toma de decisiones.

La votación del 18 de diciembre de 1810, destinada a decidir la incorporación de los diputados del interior terminó con una amplia mayoría a favor de la incorporación.

Mariano Moreno consideró que la decisión era contraria al bien general del Estado, aceptó la voluntad de la mayoría y presentó su renuncia, que no fue aceptada.

Posteriormente solicitó ser enviado en misión diplomática al exterior. Se le encomendó realizar gestiones en Río de Janeiro y Londres, pero murió en altamar.

Los diputados fueron integrados a la Junta, y el conjunto constituyó la llamada Junta Grande, que se formó oficialmente ese mismo día.

*Factores externos e internos que llevaron a los acontecimientos de mayo de 1810 en Buenos Aires

Existían, por cierto, una serie de factores externos e internos que, lentamente, crearon las condiciones para que se desarrollaran los eventos de mayo de 1810 en Buenos Aires. Algunos de ellos venían desarrollándose desde el siglo XVIII. Así, por ejemplo, el hecho de que los Estados Unidos de Norteamérica declararan su independencia en 1776 y lograran establecer un gobierno republicano independiente de Inglaterra constituía un antecedente importante. De la misma manera, la difusión de los ideales de la Revolución Francesa de 1789 representó un papel digno de mención en la conformación del ideario de mayo. Más directamente, las Guerras Napoleónicas y los primeros triunfos de Bonaparte contra España llevaron a las abdicaciones de Carlos IV y Fernando VII a la corona y a la formación de la Junta de Sevilla (y luego del Consejo de Regencia) para gobernar en su nombre: la resistencia al gobierno napoleónico y la lealtad a Fernando VII estaban en el corazón de la proclama del Cabildo de 1810.

Uno de los factores de descontento interno estaba dado por el monopolio del comercio exterior que España mantenía sobre sus colonias. Eso implicaba que ciudades como Buenos Aires tenían formalmente prohibido el intercambio con comerciantes de otras naciones y, dada la precariedad de los contactos con la metrópoli, se desarrolló un verdadero sistema de contrabando de bienes. Además, Buenos Aires fue invadida dos veces, en 1806 y 1807, por tropas inglesas, y en ambos casos los vecinos de la ciudad, organizados en milicias, lograron expulsar a los invasores.
Aunque estos sucesos no produjeron un movimiento independentista, sí alimentaron una sensación de desamparo respecto de España y de confianza en las propias capacidades (de hecho, Santiago de Liniers, el héroe de la segunda liberación, fue designado virrey entre 1807 y 1809). Más importante aún, las milicias criollas adquirieron un importante peso político que sería decisivo para el desarrollo de los eventos de mayo.



Era solo el comienzo de un largo y dificil camino, donde existieron las llamadas "Luchas por la Independencia", en las que nombres como San Martín, Belgrano, Güemes y otros patriotas defendieron en batallas, en las cuales se perdieron muchas vidas y se regó con sangre la tierra, lo que recién se consolidaría en el Congreso de San Miguel de Tucumán el 9 de julio l816, con la presencia de la mayoría de los representantes del pueblo de las Provincias Unidas de Sud América.

Es recién allí, 6 años después, donde el pueblo de las provincias eligió a sus diputados para un congreso y los representantes del futuro país se reunieron para expresar la voluntad del pueblo de:
“romper los violentos vínculos que los ligaban a los reyes de España, recuperar los derechos de que fueron despojados, e investirse del alto carácter de una nación libre e independiente del rey Fernando séptimo, sus sucesores y metrópoli (y toda otra dominación extranjera)”.

Pronto aparecieron claramente intenciones independentistas, que quedaron ratificadas en el Congreso de Tucumán de 1816, y se desató una guerra contra los realistas, que se extendió a toda América y terminó con la liberación del continente.

Luego, siguió una guerra civil que extendió durante décadas los enfrentamientos en lo que hoy es el territorio argentino.

Aunque la Revolución de Mayo de 1810 da un inicio, el proceso de construcción del estado nacional se consolida el 9 de julio de 1816 en Tucumán, y su concreción definitiva sólo se produjo en 1862, tras la batalla de Pavón, con la unificación de la Confederación Argentina y la Provincia de Buenos Aires, que no había adherido a la Constitución en 1853.



• Wikisource
"Primera Junta" en la página web Wikipedia
•Primera Junta (Producción del Ministerio de Educación de la Nación)

Ministerio de Educación
http://www.educared.org.ar/biblioteca/calendario/fechas/05/05_18a24.ASP



viernes, 9 de octubre de 2009

Los comienzos de la imprenta


Imprenta utilizada en la Casa de los Niños Expósitos. Actualmente, parte de ella se exhibe en una de las salas del Cabildo de Buenos Aires.


La primera imprenta del Río de la Plata nació a principios del siglo XVIII en jurisdicción de las misiones jesuíticas, y su aparición se debió a un notable alarde de ingenio y artesanía, ya que la prensa se fabricó integramente en el lugar utilizando los materiales que brindaba la selva. Poco después comenzaron a imprimirse gramáticas, diccionarios de la lengua guaraní y obras doctrinales, pero los rastros de su actividad se desvanecen entre el fárrago de sucesos que llevaron a la devastación e incendio de las Misiones.

No sucedió lo mismo con la imprenta que la Compañía de Jesús instaló en el Colegio de Montserrat de Córdoba hacia 1766. Aunque la expulsión de los jesuitas inmovilizó la maquinaria por largos años, en 1780 la adquirió en la suma de mil pesos el progresista virrey Vértiz, quien la hizo transportar a Buenos Aires para instalarla en la Casa de Niños expósitos-fundada por él un año antes-, con el propósito de que la institución tuviese una fuente de ingresos propia.

El primer trabajo impreso fue un boletín de noticias que apareció a principios de 1781, y el primer libro, una Representación del Cavildo(1) de la ciudad de San Felipe de Montevideo. Inicialmente, la mayor parte de los libros versó sobre "asuntos de devoción", más ello no impidió que paulatinamente se fueran incorporando nuevos temas.
(1) Vale Cavildo, así se encuentra escrito en varios textos de la época, como también Buenos Ayres.

En 1792 y 1794 aparecieron dos obras muy útiles para viajeros y comerciantes: la Guía de forasteros y la Cédula ereccional del Consulado de Comercio. Hacia 1796 se imprimieron los Principios de la ciencia económica, obra traducida por un joven abogado que años más tarde daría mucho que hablar: Manuel Belgrano.
Por entonces la imprenta daba a luz un promedio de siete u ocho publicaciones por año, cantidad que se incrementó sensiblemente durante el período de las invasiones inglesas, seguramente por la inusitada conmoción política e institucional que causaron.

Pero los clientes más activos de la imprenta fueron los periódicos: el Telégrafo Mercantil, que vio la luz en abril de 1801 y fue clausurado un año y medio después, el Semanario de Agricultura, Industria y Comercio, publicado desde 1802 hasta 1807, y El Correo de Comercio, fundado en marzo de 1810 por el futuro creador de la bandera.

Después de los sucesos que culminaron el 25 de mayo la imprenta de los Niños Expósitos comenzó a editar la Gaceta de Buenos Aires, semanario dirigido por Mariano Moreno y creado por resolución de la Primera Junta.


Primera impresión del Himno Nacional por la Imprenta de Niños Expósitos.

Los habitantes de la colonia tenían acceso a periódicos internacionales y locales. Las noticias contenidas en ellos fueron fermento del proceso de Mayo de 1810. Esta información llegaba a muchas personas, ya que era leída en voz alta en espacios públicos e incluso, generaba la posibilidad de debate.

A juzgar por las publicaciones, entre 1810 y 1821, se advierte una forma de periodismo incipiente que se inició con la edición de La Gazeta de Buenos Ayres dirigida por Mariano Moreno. Este no fue sólo el primer periódico revolucionario, sino el que tuvo mayor perdurabilidad en el tiempo -se editó desde el 7 de junio de 1810 hasta el 12 de septiembre de 1821,

A su vez, el interés creciente por la cultura y la información no tardó en impulsar el nacimiento de varias imprentas más. A partir de 1812 aparecieron la de Gandarillas, la de la Independencia, la de Hallet, la de Alvarez, la del Sol y otras, dedicadas todas ellas a publicar un número creciente de libros, periódicos y boletines, y que fueron desplazando poco a poco a los talleres pioneros.

Luego de pasar a manos del Estado, y de otras vicisitudes, la imprenta de los Niños Expósitos fue sacada a remate en 1819, pero como su adquirente no pagó las sumas pactadas, al cabo de cinco años las autoridades se la quitaron para donarla a la provincia de Salta, donde sirvió para publicar el primer periódico local.

La prensa y otros elementos de esa venerable reliquia se conservan hoy en el Museo Histórico Nacional.


De Hombres y Hechos en la Historia Argentina

Imagenes tomadas de Internet




Entrada 121

martes, 7 de julio de 2009

LA INDEPENDENCIA

9 DE JULIO 1816-2009

ANIVERSARIO DE LA INDEPENDENCIA ARGENTINA





ESTATUTO PROVISIONAL DE 1815
EL GOBIERNO CENTRAL CONVOCA AL CONGRESO


En 1815, durante el Directorio de Ignacio Alvarez Thomas, el Cabildo de Buenos Aires designó una Junta de Observación, que debía dictar un estatuto para delimitar el funcionamiento del gobierno y convocar a un Congreso General.

El Estatuto Provisional para la Dirección y Administración del Estado de 1815 fue sancionado el 6 de mayo de ese año. Establecía que la Junta de Observación ejercería el Poder Legislativo y tendría poder de control sobre el Ejecutivo, ejercido por un director que duraría un año. De la Justicia se encargaban los jueces y las Comisiones Especiales de Apelación.

Pero además, el Estatuto Provisional mandaba al Director del Estado a invitar a todos los ciudadanos y villas de las provincias interiores a elegir diputados para la formación de un Congreso General en la ciudad de Tucumán. Se debía elegir un diputado cada 15.000 habitantes a través de una Junta Electoral, sistema que podían adaptar las provincias ante las dificultades para establecer un censo.

Como un gesto de oposición al centralismo de Buenos Aires, las provincias rechazaron el Estatuto Provisional, pero igualmente mandaron diputados al Congreso de Tucumán. No concurrieron Entre Ríos, Corrientes, Santa Fe y la Provincia Oriental.


SE REUNE EL CONGRESO



El Congreso Nacional se reunió en la ciudad de Tucumán porque se entendía que esa ubicación garantizaba a las provincias que Buenos Aires no presionaría a los diputados.

Se reunieron representantes de Jujuy, Salta, Tucumán, La Rioja, Catamarca, Santiago del Estero, Mendoza, San Juan, San Luis, Buenos Aires, Córdoba, Charcas, Cochabamba, Tupiza y Mizque. La mayoría eran sacerdotes y abogados.

Córdoba (que incluyó en su representación a La Rioja) y Salta, entre otras, tardaron en enviar sus diputados. Las provincias altoperuanas de Chichas y Mizque estuvieron representadas por emigrados, dado que la región estaba en poder de los españoles. Paraguay no mandó representantes porque ya se había declarado independiente.

Se acordó la apertura del Congreso cuando estuvieran presentes los dos tercios de los diputados. Se declaró abierto el 24 de marzo de 1816 bajo la presidencia del doctor Pedro Medrano. El primer problema que se planteó fue reemplazar al Director renunciante, Ignacio Alvarez Thomas. En la sesión del 3 de mayo de 1816 fue elegido para el cargo de Director Supremo el diputado por San Luis, coronel mayor Juan Martín de Pueyrredón.


El 9 de julio de 1816, el Congreso de Tucumán resolvió tratar la Declaración de la Independencia. Presidía la sesión el diputado por San Juan, Juan Francisco Narciso de Laprida.


ACTA DE LA INDEPENDENCIA DE LAS PROVINCIAS UNIDAS EN SUD-AMERICA



"En la benemérita y muy digna Ciudad de San Miguel del Tucumán a nueve días del mes de julio de mil ochocientos dieciséis: terminada la sesión ordinaria, el Congreso de las Provincias Unidas continuó sus anteriores discusiones sobre el grande, augusto y sagrado, objeto de la independencia de los Pueblos que lo forman. Era universal, constante y decidido el clamor del territorio entero por su emancipación solemne del poder despótico de los reyes de España; los Representantes sin embargo consagraron a tan arduo asunto toda la profundidad de sus talentos, la rectitud de sus intenciones e interés que demanda la sanción de la suerte suya, Pueblos representados y posteridad; a su término fueron preguntados:
¿Si querían que las Provincias de la Unión fuesen una Nación libre e independiente de los reyes de España y su metrópoli?
Aclamaron primero llenos del santo ardor de la justicia, y uno a uno reiteraron sucesivamente su unánime y espontáneo decidido voto por la independencia del País, fijando en su virtud la determinación siguiente:

Nos los Representantes de las Provincias Unidas en Sud América reunidos en Congreso General, invocando al Eterno que preside al universo, en el nombre y por la autoridad de los Pueblos que representamos, protestando al Cielo, a las naciones y hombres todos del globo la justicia que regla nuestros votos: declaramos solemnemente a la faz de la tierra, que es voluntad unámime e indubitable de estas Provincias romper los violentos vínculos que las ligaban a los Reyes de España, recuperar los derechos de que fueron despojadas, e investirse del alto carácter de una nación libre e independiente del rey Fernando VII, sus sucesores y metrópoli. Quedan en consecuencia de hecho y derecho con amplio y pleno poder para darse las formas que exija la justicia, e impere el cúmulo de sus actuales circunstancias. Todas y cada una de ellas así lo publican, declaran y ratifican, comprometiéndose por nuestro medio al cumplimiento y sostén de esta su voluntad, bajo del seguro y garantía de sus vidas, haberes y fama.

Comuníquese a quienes corresponda para su publicación y en obsequio del respeto que se debe a las naciones, detállense en un Manifiesto los gravísimos fundamentos impulsivos de esta solemne declaración.

Dada en la Sala de Sesiones, firmada de nuestra mano, sellada con el sello del Congreso y refrendada por nuestros Diputados Secretarios.
Francisco Narciso de Laprida, Diputado por San Juan, Presidente
Mariano Boedo, Vice Presidente, Diputado por Salta
Dr. Antonio Sáenz, Diputado por Buenos Aires
Dr. José Darragueira, Diputado por Buenos Aires
Fray Cayetano José Rodríguez, Diputado por Buenos Aires
Dr. Pedro Medrano, Diputado por Buenos Aires
Dr. Manuel Antonio Acevedo, Diputado por Catamarca
Dr. José Ignacio de Gorriti, Diputado por Salta
Dr. José Andrés Pacheco de Melo, Diputado por Chibchas
Dr. Teodoro Sánchez de Bustamante, Diputado por la Ciudad de Jujuy y su territorio
Eduardo Pérez Bulnes, Diputado por Córdoba
Tomás Godoy Cruz, Diputado por Mendoza
Dr. Pedro Miguel Aráoz, Diputado por la Capital del Tucumán
Dr. Esteban Agustín Gazcón, Diputado por la Provincia de Buenos Aires
Pedro Francisco de Uriarte, Diputado por Santiago del Estero
Pedro León Gallo, Diputado de Santiago del Estero
Pedro Ignacio Rivera, Diputado de Mizque
Dr. Mariano S nchez de Loria, Diputado por Charcas
Dr. José Severo Malabia, Diputado por Charcas
Dr. Pedro Ignacio de Castro Barros, Diputado por La Rioja
Licenciado Gerónimo Salguero de Cabrera y Cabrera, Diputado por Córdoba
Dr. José Colombres, Diputado por Catamarca
Dr. José Ignacio Thames, Diputado por Tucumán
Fray Justo de Santa María de Oro, Diputado por San Juan
José Antonio Cabrera, Diputado por Córdoba
Dr. Juan Agustín Maza, Diputado por Mendoza
Tomás Manuel de Anchorena, Diputado de Buenos Aires
José Mariano Serrano, Diputado por Charcas, Secretario
Juan José Paso, Diputado por Buenos Aires, Secretario.


JURAMENTO

El 19 del mismo mes, julio, se acordó la fórmula del juramento que debían prestar los diputados, y todas las corporaciones; y el 21 reunidos en la sala de sesiones, habiendo concurrido a la barra el gobernador de la provincia, general en jefe del ejército, mayor general, cuerpo municipal, clero secular, comunidades religiosas y demás corporaciones de esta capital con un crecido número de ciudadanos de todas clases del estado, en cuyos semblantes estaba estampada la imagen de la más pura y dulce alegría por lo augusto e importante del acto que iba a solemnizarse, se verificó con toda la gravedad, decoro y circunspección, que a su naturaleza corresponde el juramento cívico de la independencia del país en los términos siguientes.

¿Juráis por Dios Nuestro Señor y esta señal de cruz, promover y defender la libertad de las Provincias Unidas en Sud América y su independencia del rey de España Fernando VII, sus sucesores y metrópoli y toda otra dominación extranjera?
¿Juráis a Dios Nuestro Señor y prometéis a la patria el sostén de estos derechos hasta con la vida, haberes y fama?
Si así lo hiciéreis Dios os ayude, y si no, Él y la patria os hagan cargo.

El mismo día, en sesión secreta, el diputado Medrano pidió que de pasarse al Ejército el Acta de la Independencia y la fórmula del juramento, se agregase "y de toda otra dominación extranjera" -expresión que no figuraba en el texto aprobado originalmente en la sesión pública-


CAMINO AL BICENTENARIO DE LA INDEPENDENCIA

1816-2016